"When Princess Europa was kidnapped by Zeus in bull’s disguise, her father, Agenor, King of Tyre, sent his sons in search of his lost daughter. One of them, Cadmon, sailed to Rhodes. In Delphi he asked the Oracle about his sister’s whereabouts. On that specific point Pythia, true to her habit, was evasive -but she obliged Cadmon with practical advice: "you won’t find her. Better get yourself a cow, follow it and push it forward, don’t allow it to rest; at the spot where it falls from exhaustion, build a town".
Zygmunt Bauman



dijous, de maig 16, 2013

BOBs!

La revista Sesióndecontrol.com ha salido ganadora de la edición de los BOBs (Best of Blogs) 2013, en la categoría de mejor blog en español por votación popular. Contando el proyecto ganador y los demás candidatos en la misma categoría se consiguieron movilizar a más de 40.000 internautas, que votaron a lo largo de 30 días.

Los Bobs son uno de los premios de máxima referencia sobre el activismo online. Cada año se galardonan plataformas de Internet y páginas web en 14 idiomas diferentes especialmente comprometidas con enriquecer el debate público en la red. Además los BOBs despiertan un notable interés entre la blogosfera, con más de 4000 candidatos cada año. La asociación que convoca los premios es la alemana Deutsche Welle.

Felicidades a los más de 50 colaboradores que escriben en @sesiondecontrol y a su director @borjaventura. Por mi propia experiencia el proyecto es un ejemplo de buena gobernanza electrónica, logrando gestionar varios colaboradores con ideas como el 'diario de a bordo', retribución alternativa o una toma de decisiones muy horizontal.

He posteado las 14 piezas que he escrito para la revista en la columna de la izquierda del blog. Tal vez a algunos lectores de este blog les interese el trabajo de mis colegas de internacional. Los encontraréis aquí.
Escriben sobre Venezuela, la Unión Europea, Centroamérica, Argentina, México, Uruguay y Perú.

La cuenta twitter de los BOBs es esta @dw_thebobs, y se pueden seguir en #thebobs.

Congrats!
BOBs y compañía


Euroescépticos de Nigel a Nigel

(Publicado en Sesióndecontrol.com, 13.05.13) 

El UKIP se afianza definitivamente en Inglaterra. La promesa de Cameron de celebrar un referéndum sobre Europa en 2017 moviliza la bancada anti-europea.
 

El pasado mes de noviembre la alarma política sonó en Inglaterra a raíz de los buenos resultados que cosechó el extremista UKIP en tres elecciones anticipadas. En dos de ellas, Rotherham y Middlesbrough, se convirtió en la segunda fuerza más votada: parece el auge definitivo de la formación.

En las elecciones locales que se celebraron en toda Inglaterra el pasado 3 de mayo la alarma pasó a ser una realidad palpable. El UKIP liderado por Nigel Farage conseguía 147 regidores esparcidos en los 35 condados ingleses. El partido no logra mayoría en ninguno de esos contados, pero en muchos se convierte en la primera fuerza de oposición.

Los conservadores logran en total 1.124 regidores, los laboristas 560 y los liberal-demócratas 371. En realidad, estos números no reflejan el éxito real de los diferentes partidos. En Inglaterra el sistema electoral es ultra-mayoritario, y por lo tanto sólo el que llega primero gana el escaño en liza (consulta aquí resultados completos).

En ese sentido 147 regidores pueden parecer pocos en comparación, pero en términos prácticos significa que en 147 escrutinios el UKIP ha sido el partido más votado, arrasando con los partidos más tradicionales. Si a las aplastantes victorias añadimos todos los votos cosechados por los candidatos del UKIP que llegaron segundos o terceros, el porcentaje total de votos es de 23%. En comparación, sólo un 25% votó a los conservadores, un 29% a los laboristas, y un 14% a los liberal-demócratas.

Como recordaba esta semana el especialista de la London School of Economics Tony Travers, nunca antes en la historia electoral del Reino Unido la suma de los votos de los dos principales partidos había sido proporcionalmente tan baja. Sólo el 54% de los ingleses se decantó por el partido conservador o laborista. El bipartidismo se debilita.

El otro Nigel
Coincidiendo con la cita electoral del 3 de mayo, el panorama político inglés ha vivido una sacudida de la mano de otro Nigel. Nigel Lawson, el que fuese Ministro de Hacienda de Margaret Thatcher entre 1983 y 1989, publicaba un artículo en The Times abogando por la ‘salida’ de su país de la Unión Europea. Un texto que equivale a lanzar ‘una granada en una habitación cerrada‘, como apuntó el también exministro de Thatcher, Malcolm Rifkind.

El posicionamiento de Lawson -por el enorme caché político que tiene en Inglaterra- desestabiliza la ya de por si frágil estrategia de Cameron respecto a la cuestión europea. El primer ministro ve cómo dos ‘nigels’, el del UKIP y uno de los fantasmas de Thatcher, amenazan con provocar la enésima revuelta de su bancada más euroescéptica.

Cameron prometió en enero de 2013 celebrar un referéndum sobre Europa si gana las elecciones en 2015. Mediante el análisis de prensa trimestral realizado entre el mes de noviembre y el mes de enero de 2013 se percibe que dicha estrategia pende de cinco hilos, todos ellos muy frágiles:
  1. Una falsa alternativa: David Cameron argumenta que quiere quedarse en Europa, pero sólo si consigue ‘renegociar’ su relación con la UE. No contempla la posibilidad de perder la batalla política de la renegociación, con la ingenuidad y riesgo que eso conlleva. El primer ministro no ha dado ninguna pista de la posición final que adoptará el día del referéndum si no consigue cumplir con su propósito.
  2. Timing: el cálculo del primer ministro británico es que para 2017 los estados-miembro habrán definido la evolución institucional de la Unión después de la crisis. Cameron considera que ese será el momento para plantear qué tipo de relación debe tener el Reino Unido con esa ‘nueva Europa’. El principal problema para Cameron es que la fecha de 2017 no depende de un acuerdo definido a escala europea, sino de su cálculo político personal.
  3. La oposición: La posición que adoptarán los liberal-demócratas, pero sobre todo los laboristas, sigue siendo ambigua. Sin un frente ‘proeuropeo’ el referéndum será un mero trámite de salida.
  4. Imprecisión: David Cameron no ha precisado cuál es el contenido político de lo que llama ‘renegociación’. En ese sentido la auditoría que está llevando a cabo William Hague –el ministro de Exteriores- determinará los objetivos políticos de los conservadores. Sólo una vez se publique esa auditoría (prevista para diciembre), el debate alcanzará una dimensión más empírica.
  5. UKIP: las recientes elecciones locales muestran que los conservadores habrían ganado el doble de escaños de haber contado con los votos del UKIP. En ese sentido, el auge del partido euroescéptico puede ser clave a la hora de determinar qué posición adoptarán los ‘tories’ sobre la cuestión europea.
Los cinco puntos son un ejemplo del ‘amateurismo’ político con el que Cameron ha planteado el referéndum. De momento los únicos que están sabiendo sacar partido de una posible consulta a los ciudadanos es el campo anti-europeo. El UKIP, junto con los Nigels de un lado y de otro, van ocupando la esfera pública. Para Cameron -y los que supuestamente quieran quedarse en Europa- cada día que pasa es un día más lejos de su objetivo.
Post relacionados:

dissabte, de maig 11, 2013

Londres vertical

(Publicado en Sesióndecontrol.com, 03.05.13)

Londres había sido históricamente una ciudad horizontal, pero en sólo 10 años la urbe ha cambiado drásticamente su fisionomía, apostando por una verticalidad que plantea algunos interrogantes.

El Walkie-Talkie, en construcción
Hasta 1962 la famosa Catedral de Sant Paul (la de Mary Poppins y la mujer de las palomas) era, por ley, el edificio más alto de la capital británica. Desde 1894 la llamada ‘London Building’s Act' prohibía erigir edificios más allá de los 80 pies (unos 24 metros). Aunque incluso sin dicha ley, es probable que los británicos hubiesen apostado por la extensión más que la elevación.

Todavía hoy se percibe la relación que existe entre algunos rasgos de la cultura británica y el desaliento por la altitud. Las casas victorianas, unifamiliares, han marcado el paisaje y la historia del país. La idea de propiedad –que tan bien supo capitalizar Margaret Thatcher con su famosa ‘democracia de propietarios’- forma parte del ADN inglés. El ideal de casa es aquella que tiene una puerta de entrada y un patio trasero. Todo lo contrario del estiloso ‘apartamento’ popularizado por tipos como Haussmann o Cerdà.

Por historia y por cultura los rascacielos han sido, para las viejas generaciones de londinenses, una manía americana. En 1962 la regulación se flexibilizó –aunque muy moderadamente- y con ello surgieron los contados rascacielos que han dominado el skyline inglés hasta los años 2000. Hubo la BT Tower, y luego la Torre 42 (que los británicos asocian tristemente con uno de los peores atentados del IRA). Los dos edificios son visibles todavía hoy, aguantando como pueden las miradas desnostadas.

Canary Wharf y 'la city'

Pero Margaret Thatcher rompió definitivamente el tabú en los años 80 con la construcción del barrio de Canary Wharf. Un conjunto de enormes rascacielos cuadrados con el que los medios de comunicación ilustran sus crónicas sobre escándalos financieros (como la reciente manipulación del Libor). Canary Wharf era -y sigue siendo- lo más parecido al ideal vertical americano, aunque queda lejos del centro de Londres.

En ese sentido, la verdadera revolución empezó en 2002 con la construcción del ‘pepino’ de Norman Foster. En menos de diez años el ayuntamiento del ‘rojo’ Ken Livingstone aprobó la construcción de hasta 25 edificios que sobrepasaban los 100 metros de altura. Con la diferencia que esta vez los rascacielos no brotaban en una especia de periferia financiera como en Canary Wharf, sino en el corazón de la ‘city’, y más específicamente en el histórico barrio de Spitalfields (zona alternativa que hasta el siglo XIX acogía los bajos fondos de Jack 'el Destripador').


El Gherkin -pepino' de Foster a la izquierda, y la Torre 42 a la derecha. En medio, el nuevo edificio conocido como el 'rallador de queso'. La foto está tomada desde la recién inaugurada 'Heron Tower'

Brote de pepinos

Al ‘pepino’ le han seguido otros edificios que los londinenses conocen por sus motes. Está el ‘rallador de queso’, el ‘walkie-talkie’, la Heron Tower, el 'Pinnacle' o el nuevo icono de la ciudad: el monumental Shard, de 310 metros, diseñado por Renzo Piano. Actualmente hay hasta 11 rascacielos en construcción en Londres, todos ellos con la fecha de estreno prevista para 2015. Pasearse hoy por la ciudad es suficiente para percatarse de la auténtica transformación que se está llevando a cabo. El dato más increíble es que a parte de esos proyectos en marcha hay 51 que esperan su turno. Todos ellos edificios de más de 100 metros.

Panorámica de Londres. A la derecha la cúpula de Sant Paul. A la izquierda emerge como un punzón 'The Shard', el segundo edificio más alto de Europa
El 'rallador de queso' (en construcción)
La Heron Tower
En 2000 había un par de rascacielos en Londres. En 2020 habrá unos 100. Como en cualquier ‘boom’, las posibles derivas aumentan. Empezando por las aberraciones que ya se pueden visitar, como la Vauxhall Tower. Un bloque de residencias fantasmagórico sin espacios comunes, y rodeado de una autovía de cuatro carriles. Un paisaje que recuerda tristemente a la especulación inmobiliaria desenfrenada que ha sufrido Europa.

El conjunto residencial conocido como Vauxhall Tower
La obsesión por la altura poco tiene que ver en la práctica con el color político. Livingstone era un 'fan' de los rascacielos y Boris Johnson parecía más reacio, a juzgar por su campaña. Aún así la dinámica se ha mantenido. El columnista del Evening Standard (y ahora en The Guardian) Simon Jenkins criticaba en 2011 la  'obsesión fálica' de ambos contrincantes. Tanto el uno como el otro han utilizado en varias ocasiones su potestad para desestimar la oposición de los consejos municipales, o incluso cuando se han enfrentado a las reticencias de la famosa ‘English Heritage’.

El nivel de debate que se originó en Londres cuando surgió el proyecto del Gherkin de Foster dista mucho de la realidad actual. El ritmo al que están brotando los rascacielos reduce la asimilación por parte de los vecinos, y aumenta también la preocupación sobre los controles de calidad y la pertinencia de los proyectos. Algunos alzan la voz, pero el tema no parece preocupar en demasía a los londinenses, ni tampoco a la prensa local.

¿El fin de los corredores visuales?

A lo largo de los siglos, Londres ha construido celosamente su imagen a partir de una política de 'corredores visuales'. Son partidarios de construir nuevas infraestructuras, pero siempre y cuando se respeten algunas vistas emblemáticas como el Big Ben, Sant Paul, o Tower Bridge. La idea es que si un inglés se pasea por los parques que rodean la ciudad, debe poder visualizar los mitos que han constituido la identidad de la capital.
En ese sentido, puestos a tapar Sant Paul con un 'pepino', algunos se preguntan si no valdría la pena tomárselo con un punto de calma.
Nota: las fotos están hechas por el autor. The Guardian publica un repaso a las recreaciones oficiales que ofrecen los arquitectos.

dimarts, d’abril 16, 2013

El fin de la Big Society

(Publicado en Sesióndecontrol.com, 15.04.13)

Tres años después de ganar las elecciones con la ‘big society’ el concepto desaparece del mapa político. Un fracaso comunicativo y de fondo. 



En 2010 David Cameron ganó las elecciones británicas basándose en un concepto sugerente: la ‘big society’. La ‘gran’ sociedad. Era la clave de bóveda. La campaña giró permanentemente alrededor del término y se presentó como el pegamento que unía las diferentes partes del programa Tory.

La expresión tenía la magia de ser uno de esos eslóganes capaces de transmitir toda una visión política en dos palabras. El fondo era que ‘el gobierno no tiene todas las respuestas’, y que frente a un estado del bienestar omnipresente y mastodóntico, los británicos podían optar por redistribuir el poder hacia ‘abajo’. Cameron mataba dos pájaros de un tiro.

Por un lado respondía a las raíces ideológicas tradicionales del partido conservador: menos estado, regular sólo lo estrictamente necesario, y promover el espíritu emprendedor. Por el otro predisponía a la sociedad británica a co-responsabilizarse de los servicios públicos. ‘De esta sólo saldremos entre todos’, rezaba el manifiesto.

A cambio, David Cameron se comprometía a apoyar y promover todas aquellas organizaciones que se dedicaran a la labor social y al empoderamiento ciudadano. Un nuevo estado, sí, pero no de funcionarios, sino de voluntarios, comprometidos ciudadanos, ONGs y las famosas ‘charities’ inglesas sin ánimo de lucro. Esa era la visión.

Bajo mínimos

Dos años después el concepto ha desaparecido del primer plano político. Más que la clave de bóveda es un ladrillo más de la acción gubernamental. A principios de año el presidente de ACEVO (la asociación que reúne a los principales directores de las ONGs del país) le dio el tiro de gracia al anunciar su ‘muerte efectiva’. 

Este mes la Charities Aid Foundation –asociación que engloba a las diferentes organizaciones sin ánimo de lucro en Inglaterra-, anunciaba que una de cada seis plantea cerrar este año, y que más de un tercio están despidiendo a trabajadores y limitando servicios. Las ‘charities’ en Inglaterra dependen en gran parte de la financiación local, afectada por las políticas de ajuste presupuestario del gobierno.

A la ‘big society’ sólo le quedan dos iniciativas concretas: la Big Society Capital (BSC), y la Big Society Network.

La primera es una entidad con 119 millones de libras para inversión social y que –si se cumplen las mejores estimaciones- podría llegar a acumular 600 millones en 2015. A pesar de disponer de estos fondos, la BSC no puede invertir directamente, así que su campo de acción es prestar a bancos cooperativos e inversores sociales. Las ayudas sólo llegan a las organizaciones sociales en forma de préstamos. De forma significante, la primera en reconocer el débil impacto que tiene la BSC es su propia directora.


La segunda iniciativa, la Big Society Network, ya no depende del gobierno, y su misión es publicitar aquellas iniciativas que demuestran un alto compromiso social o ciudadano. Un trabajo focalizado en el reconocimiento, valioso, pero de carácter puramente comunicativo.

Dinamitar el concepto desde dentro

El mantra de 2010 parece hoy frágil. Se ha roto bajo el peso de cuatro posibles errores.

El primero, como señala R.Wilson en The Guardian, la falaz idea de la espontaneidad. A falta de incentivos, la revolución ‘social’ que Cameron esperaba se produjese por el simple hecho de pedirla, no se ha producido.

El segundo, una definición borrosa. El gobierno nunca concretó qué políticas escondía el concepto. La naturaleza comunicativa y tal vez electoralista lo vació de sentido. Sin unos objetivos en los que basarse, la prensa y la sociedad no han podido juzgar los hipotéticos resultados.

El tercero, es que Inglaterra ha tenido siempre una cultura muy extendida respecto a ‘charities’ y labor social, antes de esta legislatura. La Big Society es más la conceptualización de una realidad que ya existe, y no la incitación a un cambio palpable.

Por último, Cameron ha sido prisionero de una contradicción, en la que sus propias políticas presupuestarias han dañado de forma notable la red de asociaciones sociales a las que quería fortalecer.  

Algunos eslóganes se convierten en grilletes para el futuro de un partido político. La ‘Big Society’ puede que sea uno de ellos. Otros, de la mano de publicistas como Saatchi i Saatchi, se convierten en fuentes inagotables de munición política. El póster político que siguen teniendo gravado todos los ingleses es el que utilizó Margaret Thatcher para ganar las elecciones en 1979: ‘El Labour no funciona’. Toda una lección para aprendices de brujo.  




dimecres, d’abril 10, 2013

Memoria de elefante

(Publicado en Agenda Pública, 10.04.13)

Una de las coletillas más utilizadas cuando se pretende ningunear al Parlamento Europeo es asimilarlo a un ‘cementerio de elefantes’. Más allá de la desacertada generalización –muy lejos de su rol legal y político-, lo cierto es que la Eurocámara ha arrastrado durante años la reputación de parlamento ‘segundón’, en consonancia con la teoría acuñada por Reif y Schmitt de elecciones ‘de segundo orden’. En ocasiones el cargo de eurodiputado ha sido utilizado despectivamente como un exilio para las figuras políticas venidas a menos, disgustadas por tener que decidir sobre el futuro de todo un continente en vez del de ‘su’ país.

Las memorias publicadas por el que fuese Presidente del Parlamento Europeo, el español Enrique Barón Crespo (‘Más Europa, ¡unida!’, RBA, 420 páginas) se leen como una sugestiva contraposición a esa imagen. Es un álbum de fotos en el que los recuerdos personales son al mismo tiempo instantáneas de aquellos momentos que han marcado el futuro del continente. Del relato emana esa sensación de conexión invisible, de destino entrelazado entre la sociedad española que forjó la Transición y el devenir del proyecto europeo.

Barón Crespo inicia la narración en los años 50, los de la postguerra y autarquía.  Unos años en el que el turismo extranjero fue una especie de primera adhesión a Europa por la ‘puerta de servicio’. Años también en que ciertas experiencias vitales fueron representativas de todo un período. Una primera manifestación. La toma de conciencia política a través de pequeñas ventanas abiertas a esa historia sepultada por el régimen. Las detenciones, la represión. El ‘Contubernio de Munich’ en 1962 que reunió por primera vez a la oposición española desde la Guerra Civil y que fue organizado bajo la égida del Movimiento Europeo. El acto, como incide Barón Crespo, ya ligó a Europa con la democracia a ojos de muchos ciudadanos.

Un recorrido que en el caso del político socialista le llevó al Parlamento Europeo después del ministerio de Transportes, Turismo y Comunicaciones durante el primer gobierno de Felipe González. En Bruselas, presidió el Parlamento Europeo entre 1989 y 1991, período excepcional marcado por la caída del muro y las negociaciones de reunificación alemana. Entre 1986 y 2009, período en el que Barón ejerció diferentes cargos en el Parlamento, la Unión Europea se transformó por completo. Con especial énfasis en tres puntos: el Tratado de Maastricht en 1992 con la implementación de la codecisión legislativa entre el Parlamento Europeo y el Consejo de Ministros; la implementación del euro; y la introducción de la Carta de los Derechos Fundamentales en el Tratado de Lisboa como parte del derecho primario europeo. Hubo también múltiples fracasos, como la inacción durante la guerra de Yugoslavia.

Sorprende como algunos de los debates actuales son decepcionantes copias de lo que ya se planteó en las altas esferas en los años que documenta el autor. Por ejemplo la necesidad de dotar a las instituciones supranacionales de una mayor capacidad de acción en materia fiscal y monetaria, con el fin de evitar situaciones demasiado heterogéneas en el seno de la incipiente eurozona. O por ejemplo la batalla a principios de los 90 para salvaguardar la norma del equilibrio presupuestario en Europa. Norma que por primera vez ha roto el Consejo Europeo este año al acordar un plan presupuestario para 2014-2020 con unos créditos de compromiso distintos de los de pago. Aunque hay un elemento que no ha cambiado: el liderazgo y la supeditación de las decisiones políticas europeas al ritmo del Consejo Europeo, institución intergubernamental donde se coordinan los jefes de Gobierno.

La lectura de las memorias de Barón Crespo estimula la reflexión análoga sobre los motivos que empujan a un representante político a trabajar en las instituciones comunitarias. Y también sobre las lógicas políticas que influencian el modo de designación de los candidatos a puestos comunitarios. Algunos de esos puestos han sido en los últimos años desatendidos y en ocasiones menospreciados. El prejuicio europeo persiste. Europa como opción por defecto, como segunda opción. Sin embargo, en la mayoría de casos, esos puestos están bajo la responsabilidad de equipos que creen en su trabajo, más allá de todo impacto mediático.

A falta de unos medios de comunicación y unos representantes políticos que participen de forma más recurrente y profunda sobre la confrontación política a nivel supraestatal, son las webs –incluso las institucionales- las que se han convertido en el espacio privilegiado para el escrutinio público y la rendición de cuentas. VoteWatch, EPNewsHUB, o European Parliament, son algunos ejemplos. 

Las elecciones europeas en 2014 serán una buena oportunidad para ver hasta qué punto los partidos plantean nuevas lógicas, ‘europeas’, a la hora de escoger a sus candidatos. Ya sea mediante el envío de elefantes europeístas, u cualquier otro zoon politikon.  












‘Más Europa, ¡unida!’, Enrique Barón Crespo, Ediciones RBA, 2013
Premio Gaziel de Biografías y Memorias 2012

Artículos relacionados:
Elogio de la política, La Vanguardia, 07.03.13
2014, hacia la Europa parlamentaria, Agenda Pública, 17.11.12

Links de interés:
Website a favor de primarias europeas
PSE: Resolution, Selecting our common candidate in 2014, adopted by the PES Council on 24 November 2011

dilluns, de març 18, 2013

¿La nueva Thatcher?

 (Publicado en SesiónDeControl.com, 18.03.13)

 Theresa May, la ministra del Interior en el Reino Unido, gana adeptos después de dos años de mandato. La ministra despierta recelos entre sus compañeros de partido, pero escala posiciones con vistas a la próxima legislatura.

 
Antes de que Cameron la nombrase ministra del Interior en 2010, Theresa May era más recordada por el famoso discurso que pronunció en 2002, en la conferencia del partido conservador en Bournemouth. Un discurso que, para muchos comentaristas, cambió la historia de la derecha británica.

El ‘nasty party’

May ocupaba por entonces la presidencia del partido –cargo con más peso organizativo que político–, y, frente a los delegados, protagonizó uno de los ejercicios de autocrítica más severos de la época. May acusó a los suyos de tener una base demasiado débil, pero sobre todo, de ser un partido de blancos, pro-business, ricos ingleses. En sus propias palabras, no era de extrañar que la imagen de los Tories fuera la de un ‘nasty party’ –un ‘partido despreciable’–. Una expresión que, diez años después, sigue empleándose como munición en el debate periodístico y parlamentario.

Ese día, May se ganó el odio eterno de un buen puñado de Tories, a la vez que ayudó a la nueva ola de líderes conservadores a darse cuenta de la necesidad de abrir el partido a las minorías étnicas, y, principalmente, a las mujeres.

El pasado sábado 9 de marzo, May volvió a dar un discurso que ha agitado las bases del conservadurismo británico. La ministra dio su visión ‘general’ sobre cómo debería ser la derecha británica, apostando por un estado ‘fuerte, pequeño y estratégico’. Fuerte, para mantener la ‘ley y el orden’; pequeño, para limitar el intervencionismo estatal; y estratégico, para desarrollar los sectores económicos determinantes. Un discurso que iba mucho más allá de sus prerrogativas como ministra del Interior, y que cogió a contrapié a sus colegas de partido.

¿La Merkel británica?

Sin pausa pero sin prisa, May ha sabido ocupar un lugar entre la plana mayor conservadora. Sin ir más lejos, es significativo que haya aguantado dos años en un cargo –el Home Office– que normalmente es un regalo envenenado en el gabinete ministerial. Además, ha ganado puntos al erigirse como la responsable del giro derechista del partido en materia de inmigración, seguridad policial y euroescepticismo.

Su ministerio es el que está librando la batalla para rebajar la inmigración a un máximo de 100.000 personas al año para 2015, una política dañina para la imagen del Reino Unido, pero que despierta simpatías entre el electorado más proteccionista. En cuanto a Europa, May fue la que propuso el ‘opt-out’ de todas las políticas de cooperación policial y criminal con la UE. Su última propuesta –la posible retirada de la Convención Europea de los Derechos Humanos– dice mucho de su caché entre el círculo euroescéptico tan de moda en Inglaterra.

May ha pasado de ser la modernizadora de 2002 a promover su perfil más conservador, muy acorde con las circunstancias nacionales. Se perfila ya no sólo como ministra, sino como una de las posibles líderes a tener en cuenta en el futuro próximo. Su indisimulado intento de presentar sus credenciales en un momento bajo para Cameron dice mucho sobre su ambición política. Su carácter –reservado, seguro– y su estrategia de imagen –sobria, elegante, imponente– la asimilan inconscientemente a Angela Merkel o Margaret Thatcher.






May, or may not

La prensa británica, estos días, presenta el dilema con un juego de palabras con el nombre de la ministra, ‘may’ (puede). May, or may not. Puede que sí, pero, también, puede que no. Y a día de hoy parece que los dos escollos más importantes serían la figura de Boris Johnson, inapelable sucesor en la sombra de Cameron, y el propio partido conservador. Sólo cuatro mujeres forman parte del gobierno, y de los 122 altos cargos ministeriales sólo 22 están ocupados por mujeres. De los 302 parlamentarios conservadores, sólo 47 son mujeres. Más allá de los números, la pregunta es saber si el ‘nasty party’ del que supuestamente hablaba May en 2002 ha cambiado lo suficiente.

Artículo relacionado: Estudiantes extranjeros, no

dissabte, de març 16, 2013

Documentales

Recomiendo mucho los dos siguientes documentales: Five Broken Cameras, y The Gatekeepers.

Ambos fueron nominados para los Oscar este año. Ambos sobre el conflicto israelí-palestino.

a)    Five Broken Cameras
La historia de un padre de familia palestino en Cisjordania, a través de sus propios ojos. El espectador acompaña al narrador a lo largo de cinco años, en su procesión cada viernes contra la ‘valla’ ilegal y un asentamiento colono que empieza a construirse al lado de su pueblo. El documental en sí es muchas más cosas que un reportaje. Es una radiografía social y cultural pero también un documento que durante 90 minutos ofrece pruebas gráficas de múltiples abusos, agresiones físicas y verbales, ilegalidades, y hasta un asesinato. El valor legal y jurídico del vídeo es increíble.
Sobre el contenido el documental plasma parte de la estrategia israelí, y la impunidad y el limbo jurídico que rodea la política de asentamientos. Cuando uno visita Israel y Cisjordania se da cuenta de hasta qué punto estrategias como ‘limitar la movilidad’ de las personas, o impedir el desarrollo económico de las zonas palestinas son estrategias muy presentes. Son estrategias menos ‘visibles’ que los casos que envuelven confrontaciones violentas, pero el ahogamiento económico y territorial son armas extremadamente dañinas. Son medios de presión diarios, humillantes, que no requieren el cuerpo a cuerpo pero que van marchitando la supervivencia y el estado de ánimo de una comunidad. Algunas de las situaciones más agresivas que viví cuando visité Israel tenían que ver con la movilidad, cuando intentamos transitar entre territorios diferentes. Por no hablar del acceso a las infraestructuras de transporte o el caso aparte de Jerusalén, ciudad cada vez más sitiada. Recuerdo cuando nos bajaron de un autobús que unía una localidad palestina con Jerusalén para interrogarnos y registrarnos uno por uno, -los mismos autobuses que ahora pretenden convertir en 'obligatorios'-. 
La película la firman conjuntamente un palestino y un israelí. La crónica de The Guardian aquí.




b)    The Gatekeepers
El documental son en realidad 90 minutos de pura crítica y análisis de la política antiterrorista israelí. Con una diferencia, los cinco narradores han sido los directores de la principal agencia de seguridad interna de Israel, el Shin Bet. No hay argumento más apabullante y más provocador que cuando los de 'tu' mismo campo analizan tus límites, tus fallas, y reconocen –como se hace en el documental- parte de tu fracaso. Demoledor, y un documento que –como en Five Broken Cameras- es más que un simple reportaje. Algunas declaraciones tienen connotaciones jurídicas y legales de enorme calado. El documental es de producción israelí.



Artículo en El País: Israel y Palestina, un guion de Oscar (21.02.13)
Artículo en Le Monde: Les restrictions d'Israël sapent l'économie palestinienne (12.03.13) 

Posts relacionados:
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