"When Princess Europa was kidnapped by Zeus in bull’s disguise, her father, Agenor, King of Tyre, sent his sons in search of his lost daughter. One of them, Cadmon, sailed to Rhodes. In Delphi he asked the Oracle about his sister’s whereabouts. On that specific point Pythia, true to her habit, was evasive -but she obliged Cadmon with practical advice: "you won’t find her. Better get yourself a cow, follow it and push it forward, don’t allow it to rest; at the spot where it falls from exhaustion, build a town".
Zygmunt Bauman



diumenge, de novembre 28, 2010

Un mar de silencio

Publicado en El Europeo, Un mar de silencio, 28.11.10 (la versión original editada por la revista aquí).

'Con cierta retrospectiva no sería descabellado pensar que el proyecto de Unión por el Mediterráneo (UpM) tal y como se pensó y se ideó en 2008, fue un proyecto muy corto. La ilusión y las expectativas duraron exactamente 5 meses y 3 días, que fue el espacio de tiempo entre la cumbre que se celebró en París en julio de 2008 y el inicio del enfrentamiento militar en la franja de Gaza a finales de ese mismo año.

Dos de los principales razonamientos que motivaron el ‘relanzo’ del Proceso de Barcelona quedaron rápidamente en entredicho. El primero consistía en pensar que era posible ‘obviar’ el conflicto en Oriente Próximo y al mismo tiempo construir sinergias de cooperación económica, comercial y cultural entre el Norte y el Sur del Mediterráneo. El segundo, también audaz, consistió en pensar que el simple hecho de escoger sectores de cooperación ‘neutrales’ y que respondieran a intereses más transversales entre el Norte y el Sur sería suficiente para garantizar el compromiso y la voluntad de éxito por parte de los 43 Estados involucrados.

Empecemos por el primer razonamiento. Más allá del tipo de proyectos que se haya fijado la UpM, el éxito de cualquier iniciativa conjunta que signifique hacer coincidir en una misma mesa a árabes e israelíes dependerá de la evolución del conflicto israelí-palestino. En este sentido las circunstancias desde 2008 no han sido especialmente favorables. Al conflicto de Gaza en 2008 le sucedió la elección de un nuevo gobierno israelí de coalición con el ultranacionalista Avigdor Lieberman al frente del Ministerio de Exteriores. A finales de mayo de 2010 el abordaje de la ‘Flotilla de la Libertad’ imposibilitó de facto la segunda cumbre de Jefes de Estado de la UpM, prevista solo para unos días después como una de las prioridades de la presidencia española de la UE. A todo ello se añadió la decisión israelí a finales de septiembre de no extender la moratoria para la construcción de asentamientos en Cisjordania. Lo que condujo a una nueva cancelación de la cumbre prevista para el 21 de noviembre (esta vez sin una nueva fecha de aplazamiento). 
En este contexto la decisión estratégica no es tanto si obviar o no la cuestión israelí-palestina, sino qué tipo de UpM se quiere. Si el objetivo es evitar la parálisis y el vacío, entonces, más allá del contenido, la UpM deberá dotarse de los instrumentos necesarios para ‘convivir’ con el conflicto, sin que éste marque irremediablemente el ritmo de cualquier progreso.

Lo que me lleva al segundo razonamiento. Si bien el futuro de la UpM está en cierta parte ‘sujeto’ a la cuestión israelí-palestina, existen otros elementos que pueden marcar la diferencia.  
Empecemos por el más evidente: el interés estratégico. La estructura colectiva y ‘regional’ de la UpM no interesa a priori a ninguno de los actores involucrados. La Unión Europea por ejemplo, a través de su Política de Vecindad privilegia de manera incuestionable las relaciones bilaterales con sus vecinos mediterráneos. Se sigue la lógica del ‘caso por caso’, con negociaciones y acuerdos de asociación adaptados a las necesidades de cada país y a los intereses específicos de la UE en cada Estado. A ello se añade el hecho que ciertos países del Maghreb mantienen conflictos históricos entre ellos –como el caso de Marruecos y Argelia- lo que dificulta cualquier intento de coordinación previa a nivel regional entre los interlocutores de la UE.
En la misma línea, los temas escogidos para la cooperación en el seno de la UpM han despertado demasiado poco interés. En 2008 se dejaron atrás todos aquellos temas que hicieran hincapié en intereses puramente ‘occidentales’ –como los Derechos Humanos o las políticas de democratización- y se priorizaron temas a priori más transversales y neutrales –como la descontaminación del Mediterráneo, la prevención de desastres naturales y la energía solar-. Temas que si bien son de interés ‘colectivo’ y muy convenientes no corresponden a los intereses prioritarios de una región –sobretodo la parte no europea- que aspira antes que nada al desarrollo económico, a la liberalización del intercambio de mercancías, personas y divisas con la UE y al aumento de las exportaciones agrícolas. Entre la UpM como está pensada actualmente –tanto a nivel de estructura organizativa y de temas de cooperación- y los intereses reales de unos y otros hay una brecha de momento demasiado grande. La primera condición para fortalecer la UpM pasa por renovar dicho interés.

El segundo escollo es el de otorgar a la UpM un calendario de actividades fijo y otorgarle el presupuesto suficiente para tener capacidad de acción. En este sentido los fondos otorgados no han aumentado en comparación con el ‘fallido’ Proceso de Barcelona (la UE destina a la UpM 7.500 millones de Euros de aquí a 2013). A ello se añade el reciente –y de momento único- fondo complementario InfraMed de 385 millones de Euros (creado por tres de las principales entidades públicas de Francia, Italia y Marruecos). El total queda muy lejos de los aproximados 25 mil millones de Euros que se calculan debería percibir la UpM para llevar a cabo sus objetivos y relanzar los proyectos que siguen en vías de ‘realización’. En este sentido, y más en un contexto de crisis económica, la capacidad de acción pasa por el grado de implicación de las entidades privadas. La misión de la UpM debe también ser el de promover y favorecer la estabilidad social y las garantías legales para invertir entre sus miembros, condiciones esenciales para atraer el capital privado.

Resumiendo, la Unión por el Mediterráneo se enfrenta a una situación de parálisis en diferentes frentes. Por debajo de la mesa los proyectos siguen trabajándose, los actores secundarios siguen igual de comprometidos que el primer día. Sin embargo la cara visible, política y económica del proyecto está estancada. Los intereses o bien están en otra parte o bien no quieren discutirse colectivamente. A la Unión Europea le falta pragmatismo, realismo y un poder moral internacional que ni tiene, ni parece querer tener. Sin iniciativas que discutir u oportunidades que ofrecer la incontinencia del conflicto israelí-palestino seguirá siendo motivo suficiente para aplazar un proyecto demasiado necesario'. 












Puerto de Jaffa