"When Princess Europa was kidnapped by Zeus in bull’s disguise, her father, Agenor, King of Tyre, sent his sons in search of his lost daughter. One of them, Cadmon, sailed to Rhodes. In Delphi he asked the Oracle about his sister’s whereabouts. On that specific point Pythia, true to her habit, was evasive -but she obliged Cadmon with practical advice: "you won’t find her. Better get yourself a cow, follow it and push it forward, don’t allow it to rest; at the spot where it falls from exhaustion, build a town".
Zygmunt Bauman



dimarts, de febrer 01, 2011

Cuando los buenos son ellos


Artículo publicado por El Europeo este fin de semana. La edición original aquí.

Cuando los buenos son ellos (30.01.11) 

Las reacciones públicas que se han realizado desde la Unión Europea en relación al proceso que atraviesa Túnez han consistido hasta día de hoy (lunes 24 enero) en la difusión de tres comunicados escritos conjuntamente por la Alta Representante y el Comisario Europeo para la Política de Vecindad, Stefan Fule. En las dos primeras misivas, del 10 y 14 de enero (la segunda con el depuesto Ben Ali ya huido del país), Ashton se limitaba a pedir un ‘uso proporcionado de la fuerza’ así como el respeto de los Derechos Fundamentales. Tuvimos que esperar hasta el 17 de enero para que la Alta Representante expresara en un tercer comunicado su ‘solidaridad’ con el ‘pueblo’ tunecino, así como la voluntad de la UE en ofrecer ‘asistencia’ en vistas a la celebración de elecciones democráticas.

Desde que empezara, hace más de cuatro semanas, la llamada Revolución de los Jazmines la Unión no ha realizado una sola conferencia de prensa con la que interpelar a los manifestantes, ni tampoco ninguna declaración institucional. La estrategia ha sido la de mantenerse ‘a la espera’, a remolque de ver cómo avanzaba el proceso y de las reacciones de países como Italia, España o Francia, incapaces a su vez de ofrecer un posicionamiento claro a pesar de sus intereses en la zona. La reacción inicial ha sido fría, distante y poco contundente.

De dicha situación se desprenden tres elementos significativos.
El primero es la sensación de una cierta parálisis provocada por una multitud de intereses y la incapacidad de ‘jerarquizarlos’.
Durante los últimos 15 años la estrategia en la zona de influencia del Magreb ha sido en parte la de priorizar la estabilidad y desarrollar los intercambios económicos, aunque eso pudiese incluir el trato con Estados autoritarios, corruptos y represivos. Como nos recuerda el periódico Europa451, de las 3.500 empresas extranjeras en Túnez –la mayoría bajo un régimen fiscal permisivo- la casi totalidad son europeas (1.200 francesas, 700 italianas, 277 alemanas, 208 belgas, 88 británicas, 50 españolas…). En el caso de las relaciones con España, Túnez es uno de los principales proveedores de fruta para las multinacionales de distribución con sello español. La tasa de cobertura en relación a las exportaciones peninsulares alcanza el 150%, con un superávit de 350 millones de euros en 2009. En cuanto a los productos que se consumen en Túnez, la gran mayoría de ellos vienen de Europa, igual que todos los miles de turistas que visitan el país cada año.
Con tales volúmenes de inversión (y por lo tanto de dependencia y beneficio) la tentación de escudarse en el principio de no ingerencia para garantizar la continuidad y estabilidad de los intereses empresariales es mayor. Mirar hacia otro lado siempre es más fácil de soportar cuando uno sabe que está ganando algo a cambio. Ben Ali era un personaje al que se había invitado –e incluso elogiado- en las más altas esferas políticas europeas y el régimen tenía claro que mercadear unos principios –como los Derechos Humanos o la libertad de asociación- por unos otros - como el control migratorio y la persecución contra el radicalismo islámico- podía tener sus ventajas.

El segundo elemento significativo que se desprende de la reacción europea es la enorme distancia que se ha dado entre el escueto discurso oficial y el grado de movilización que ha provocado la Revolución de los Jazmines.
La revuelta tunecina ha tenido características muy específicas. Ha sido una revuelta mayoritariamente juvenil y estudiantil, apoyada y organizada casi exclusivamente a través de redes sociales como Facebook. Precisamente por su carácter ‘espontáneo’ y sin una institución visible detrás que pudiera capitalizarla –pues la oposición organizada en Túnez es de facto inexistente- la movilización ha gozado de una aura ‘democrática’ y libertaria, bendecida por líderes mundiales y con el apoyo de grupos ‘à la mode’ como los ciberactivistas de Anonymous. Mientras la sociedad red y diferentes movimientos democráticos a través del mundo se han volcado con los jóvenes tunecinos, el Parlamento Europeo por su lado ha sido incapaz de acordar ninguna resolución a favor de de los manifestantes. Increíble, pero a la vez muy significativo, que la Internacional Socialista –al que pertenece el Partido Socialista Europeo- sólo excluyera de sus filas al partido de Ben Ali (la RCD) el 18 de enero, cuando éste ya había sido depuesto. Al igual de increíble que exactamente ese mismo partido hubiese firmado en Julio 2010 un ‘acuerdo de participación’ en el seno del grupo del Partido Popular Europeo. Un acuerdo que en su momento fue tildado por el primer Vice-presidente del PPE, Vito Bonsignore, de ‘prioritario’. El caso es que mientras los periódicos hablan del carácter histórico de una de las primeras revueltas democráticas árabes, las instituciones y representantes políticos europeos han preferido un discurso distante e incluso por momentos ambiguo (¿quién recuerda las palabras de la ministra francesa Alliot-Marie pidiendo ‘calma’?).

El tercer y último elemento es que la reacción que ha tenido la Unión Europea con Túnez es un ejemplo más de la geometría variable con la que se aplica la llamada ‘defensa de los Derechos Humanos’.
Sólo algunos ejemplos. La misma semana del 18 de enero, el pleno del Parlamento Europeo es capaz de acordar una resolución contra el régimen bielorruso, donde se consideran sanciones diplomáticas y económicas contra Lukashenko, pero en cambio es incapaz de acordar cualquier mención de apoyo al cambio de régimen en Túnez. 
El mismo semestre que el Parlamento Europeo entrega el Premio Sájarov a un disidente cubano la Comisión Europea –por medio nada más y nada menos que del  Presidente Barroso en Bruselas- recibe y se reúne con el dictador y presidente de Uzbekistán, Islam Karimov. Unos meses después que la Comisión Europea desestime finalmente perseguir a Francia por proceder a la expulsión de los Roms de manera grupal –y no caso por caso-, cuatro ministros de Exteriores (entre los cuales la Ministra francesa) firman una carta conjunta para mostrar su enfado y su ‘firme’ voluntad de ‘actuar’ para frenar los recientes ataques a comunidades cristianas en Alejandría y Bagdad (a los que se añaden recientemente los ataques en Nigeria).
Cada caso tiene su historia pero observados juntos muestran hasta que punto la Unión no siempre logra actuar con la misma dureza o persiguiendo los mismos objetivos en materia de ‘Derechos Humanos’.

En definitiva, la Unión ha reaccionado tarde y mal a la revuelta tunecina, con el coste político y de credibilidad que eso supone. La rapidez con la que se ha producido la caída de Ben Ali ha destapado si cabe con más virulencia nuestras contradicciones y nuestra doble moral, dejando a Europa retratada (¿quién se acuerda de hacía donde volaba inicialmente el avión del depuesto Presidente?).
Falta por ver de qué manera afrontamos las próximas etapas (empezando por ejemplo por congelar los bienes de la familia Ali). La UE puede todavía jugar un papel fundamental apoyando y presionando para que la energía de la revuelta ciudadana se traduzca en la consolidación de una estructura representativa con la que construir un Estado de Derecho democrático. El dictador ha caído pero la dictadura sigue allí, decía esta semana Cohn-Bendit. Con la instauración de la democracia en el Magreb Europa se juega muchísimo más que sus maltratados ‘principios’.