"When Princess Europa was kidnapped by Zeus in bull’s disguise, her father, Agenor, King of Tyre, sent his sons in search of his lost daughter. One of them, Cadmon, sailed to Rhodes. In Delphi he asked the Oracle about his sister’s whereabouts. On that specific point Pythia, true to her habit, was evasive -but she obliged Cadmon with practical advice: "you won’t find her. Better get yourself a cow, follow it and push it forward, don’t allow it to rest; at the spot where it falls from exhaustion, build a town".
Zygmunt Bauman



dimecres, d’abril 06, 2011

Lo que no resuelven las balas

Artículo publicado en El Europeo, 03.04.11

A estas alturas de los eventos ya no hay lugar a dudas sobre la particular visión que comparten algunos representantes políticos como Nicolas Sarkozy, David Cameron o Catherine Asthon (por nombrar los más evidentes) sobre la llamada ‘Europa de la Defensa’. Lo que se nos ‘vendió’ durante estas últimas semanas como ‘planificación prudente’ y ‘evaluación de todas las opciones posibles’ respecto a la situación en Libia ha quedado de sobras escenificado como la excusa para congelar cualquier proyecto de intervención militar que hubiese estado coordinado a nivel europeo (leer sobre el tema los artículos en Bruxelles2: ‘Comment la planification de l’opération maritime sur la Libye a été stoppée, coté UE’ y ‘Nicolas Sarkozy passe l’Europe de la Défense au broyeur de l’histoire’). Todo ello a pesar de lo que dice el Tratado de Lisboa, y a pesar del valor añadido que supuestamente justificaba la creación de un Servicio Europeo de Acción Exterior (precisamente elevar la política exterior al nivel comunitario para evitar protagonismos y disyuntivas nacionales, como hemos presenciado una vez más en el caso del posicionamiento estratégico francés o alemán).

La Unión Europea volverá a caminar por los mismos senderos de hace ya 15 años, es decir el apoyo a las diferentes estructuras de acción humanitaria y la vigilancia de los flujos migratorios. Lejos queda todavía la idea de intervenir en nombre de la UE en los conflictos internacionales, pero dicha circunstancia no debe minimizar la importancia de la misión de apoyo que se llevará a cabo y que los 27 ya han acordado.

Libia marcará de una manera u otra una etapa sin precedentes en la política exterior comunitaria. Durante las últimas dos semanas los Estados Miembro han acordado llevar a cabo dos misiones (más allá de las sanciones y declaraciones), la primera de ellas especialmente significativa pues ‘movilizará’ por primera vez a un contingente de tipo militar para apoyar y garantizar la acción humanitaria (es decir para cumplir un objetivo fuera de las competencias comunitarias de ‘seguridad’). La misión, bajo el nombre en clave de ‘Eufor Lybia’ tendrá dos objetivos que se desempeñarán en función de las ‘demandas’ que puedan formular las organizaciones internacionales desplegadas en la zona: a) gestionar y garantizar la seguridad en los posibles campos de refugiados que se formen en la frontera libia y b) repatriar los refugiados y personas desplazadas (mediante un puente aéreo y marítimo). La misión, que está previsto se inicie en Abril,  tendrá por base jurídica el párrafo 26 de la resolución 1970 de la Naciones Unidas así como la decisión comunitaria aprobada posteriormente.

La segunda misión acordada será la vigilancia de fronteras. En este caso la Unión creyó que no era necesaria tanta ‘planificación prudente’ pues ya el 19 de febrero se había iniciado la operación de Frontex conocida bajo el nombre en clave de Hermés. El operativo (de carácter civil y con una parte de los recursos empleados ‘militares’) tiene por objetivo vigilar la llegada de barcos cargados de inmigrantes. La base jurídica, como nos recuerda en su artículo recopilatorio Bruxelles2 es el artículo 67 y 77 del Tratado sobre el Funcionamiento de la Unión Europea. 

La Unión volverá pues a dedicarse a lo humanitario, ámbito en el que la comunidad europea se ha mostrado especialmente eficaz y reactiva desde la lección de Yugoslavia, a pesar del poco interés y poco ‘rédito’ político que conlleva comparativamente este tipo de actuación (en parte por eso los Estados Miembro no han puesto mayores pegas a la hora de fortalecer la vertiente ‘europea’ del sector).

Sobre este tema existe un antes y un después con la que fuera comisaria europea y actual vicepresidenta del Senado italiano Emma Bonino, eurodiputada radical italiana internacionalmente conocida por su activismo en el ámbito de los derechos humanos y en particular por su lucha por los derechos de la mujer. Emma Bonino representa el modelo de algunos políticos europeos durante la década de los 90 (asociada al ‘relanzo’ comunitario) y que tuvieron una importante proyección pública como Rocard, Delors o Prodi (quién la incluyó en su gobierno como Ministra de Política Europea y Comercio Internacional en 2006).
Fue comisaria entre 1996 y 1999 de Política Pesquera y de Política de Protección de los Consumidores así como la directora de la Oficina Humanitaria de la Comunidad Europea (ECHO) (cuando la Oficina empezaba a consolidarse durante la segunda mitad de los 90). ECHO representa talvez uno de los sectores más ‘prolíficos’ en cuanto a integración comunitaria. Actualmente constituye uno de los primeros contribuyentes directos o indirectos de los principales organismos internacionales de ayuda al desarrollo (como la Cruz Roja), y su presupuesto es comparable al presupuesto que destina Estados Unidos en ayuda humanitaria (en cambio para la política exterior gastamos el 0,99 de lo que gasta Estados Unidos en Defensa, como ya recordamos en un artículo anterior).
Vale la pena recordar que la misión de ECHO se basa en los principios de humanidad, de no discriminación y de imparcialidad, otorgándole una índole muy diferente de otros organismos europeos. Si bien es probable que las diferentes crisis en los últimos meses empujen el elemento de ‘condicionalidad’ a la hora de ayudar económicamente a los países que lo necesiten, también es cierto que la ayuda humanitaria sigue siendo uno de los baluartes de la Unión precisamente por representar una asistencia exógena a consideraciones políticas. No es de extrañar que la comisaria Georgieva, responsable de la ayuda humanitaria y la gestión de crisis sea la única que se lleve un aprobado según el Financial Times.

Algunos recordarán como en el momento que caía el muro, se hablaba sobre la naturaleza histórica de Europa (en este caso la occidental) como centro de ‘gravedad’ del continente. Visión que indisimuladamente pretendía ser una eficiente narrativa para acercar la Comunidad Europea a países como Polonia o Hungría. Las palabras grandilocuentes iban acompañadas de paquetes millonarios de subvenciones y ayudas al desarrollo (bajo el programa PHARE) con el que ‘comprar’ a los pocos que todavía no estuviesen convencidos de las bondades de ser ‘europeo’. El premio no era otro que el de la entrada en el club más selecto del mundo.

A fin de cuentas, lejos queda esa época. La Unión Europea ha hecho el viaje de ida y vuelta al menos tres veces en los últimos 20 años. Se unieron las dos Europas pero hoy nos vemos obligados a parar para exigir que una integración sin democracia no nos convence. Europa no puede ofrecer hoy un programa PHARE al Mediterráneo. Tampoco tiene las agallas para poner en práctica los mecanismos políticos y militares que le permitan, al menos simbólicamente, contar en el mapa geopolítico mundial. Los Estados por su parte no tienen ningún interés en promover una democracia europea que pudiera solaparles.

Europa y muchos de nuestros representantes siguen siendo hijos del famoso Tancredi Falconeri. Aquel que en la mítica película que da nombre al ‘gatopardismo’ pronunció aquello de ‘Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi!’. Si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie.