"When Princess Europa was kidnapped by Zeus in bull’s disguise, her father, Agenor, King of Tyre, sent his sons in search of his lost daughter. One of them, Cadmon, sailed to Rhodes. In Delphi he asked the Oracle about his sister’s whereabouts. On that specific point Pythia, true to her habit, was evasive -but she obliged Cadmon with practical advice: "you won’t find her. Better get yourself a cow, follow it and push it forward, don’t allow it to rest; at the spot where it falls from exhaustion, build a town".
Zygmunt Bauman



dilluns, de juny 06, 2011

Europa se sienta en la ONU

Artículo publicado en la revista El Europeo, 05.06.11. Podéis consultar la edición original aquí. 

La Asamblea General de la ONU adoptó el pasado 3 de mayo la resolución referente a ‘[l]a participación de la Unión Europea en la labor de las Naciones Unidas’. En las escuetas tres páginas que conforman la resolución, la ONU modifica y profundiza el estatus de observador de la Unión Europea, otorgándole nuevas y mayores prerrogativas de las que ya tenía. 

A pesar de la poca repercusión mediática, la resolución marca un avance decisivo no sólo para la Unión Europea y sus intereses, sino para el propio funcionamiento de las Naciones Unidas. Hasta ahora el estatus de observador era otorgado por igual a diferentes instituciones, entidades y agrupaciones relacionadas con el vasto campo de acción de la ONU. Dicho de otro modo, todos aquellos actores que no eran Estados pero que gozaban de cierta legitimidad como para que su ‘voz’ se escuchara en la arena internacional entraban en el grupo de ‘observadores’. Las Naciones Unidas desde sus orígenes ha otorgado dicho estatus a un amplio abanico de entidades, desde las organizaciones de cooperación e integración regional (como la Unión Africana, la Unión Europea o el CARICOM), hasta la Commonwealth, pasando por la Liga Árabe, la Cruz Roja o el Comité Olímpico Internacional.

El cambio de lógica que se desprende de la resolución A/65/L.64/Rev.1 es que las Naciones Unidas reconocen por primera vez la importancia que puedan tener las organizaciones multilaterales y regionales en la geopolítica mundial. El estatus de ‘superobservador’, único hasta el momento pero no exclusivo, le permite gozar a la Unión Europea de casi la totalidad de las prerrogativas exclusivas de los ‘Estados’: podrá inscribirse en la lista de oradores, podrá participar en el debate general de la Asamblea General, podrá hacer circular sus comunicaciones y presentar propuestas y enmiendas acordadas por los Estados miembros de la Unión Europea, podrá plantear cuestiones de orden y podrá ejercer el derecho de respuesta en relación con las posiciones de la Unión Europea. En realidad, la UE solo se diferenciará de un Estado en dos cosas: no tendrá derecho a voto, y solo podrá ejercer una vez (en vez de dos) su derecho de respuesta.

Es indudable que desde el punto de vista diplomático y en relación al proceso de integración comunitaria, la aprobación de dicha resolución por casi la unanimidad de la Asamblea General (180 votos a favor y ninguno en contra) es un paso gigantesco. Y más sabiendo que dicha aprobación fue precedida de un intento fallido en septiembre 2010. A nivel simbólico, la voz de la Unión Europea en la Asamblea General ya no se escuchará a través del embajador del Estado Miembro que ocupe en ese momento la presidencia rotatoria, sino que se hará oír a través del Embajador de la UE en la ONU, instalado allí desde los años 60 pero que nunca antes tuvo tanta responsabilidad. Catherine Ashton y Van Rompuy serán igualmente los canales legítimos para hablar en nombre de Europa.

En paralelo a este paso ‘revolucionario’, el Parlamento Europeo en su último Report sobre la EU como un actor global sigue defendiendo la posible atribución de un asiento del Consejo de Seguridad para la Unión Europea como un conjunto, lo que choca con los intereses ‘estatales’ de los dos países europeos que ya tienen representación en el organismo. En efecto, no es descabellado pensar que en una hipotética reforma del Consejo de Seguridad Francia y Reino Unido podrían perder sus privilegios en aras de un único asiento representando la totalidad de la Unión Europea. 

Precisamente por la importancia de estos últimos acontecimientos, sorprende doblemente la incapacidad del Servicio Europeo de Acción Exterior para rentabilizar políticamente estos avances. Es obvio que muchos Estados Miembro, más preocupados por mantener su visión intergubernamental de las relaciones internacionales que de cumplir con los Tratados de la Unión, no son muy partidarios de hacer propaganda a éste tipo de victorias europeístas. Pero preocupa especialmente que Catherine Ashton se limite a una declaración escrita de unas pocas líneas para ‘celebrar’ una victoria que podría considerarse suya.

¿Qué esperar de la Alta Representante?
En realidad, a estas alturas no debería extrañarnos el nulo interés por parte de Ashton en sacar capital político de la resolución de las Naciones Unidas. Ashton ha dado pruebas suficientes de su visión sobre la diplomacia europea. Poco a poco, lo que antes era sorpresa por una supuesta falta de liderazgo o una supuesta incapacidad de organización se va tornando en el espejo de una estrategia bien definida, según la cual la política exterior de la Unión Europea es una política exterior de mínimos y que no compite sino que prioriza el intergubernamentalismo tradicional.
Ashton ha dejado claro que bajo su mandato la Política Europea de Defensa por ejemplo será condenada al olvido, y que la OTAN seguirá siendo el paraguas e instrumento militar europeo. Ha dejado claro igualmente que no pretende inyectar más ‘política’ en la política exterior comunitaria, sino que se contentará en desarrollar la política humanitaria, comercial y económica. De alguna manera Ashton nunca tuvo intención de ejercer un cargo político, como muchos esperaban de ella, sino que desde el principio tuvo claro que dejaría la diplomacia y la política a los Ministros de Exteriores de cada Estado, así como a sus egocéntricos Presidentes.

Esta Europa de mínimos, que no sólo no sabe rentabilizar sus éxitos sino que renuncia a hacerlo, choca frontalmente con la Europa que nos había prometido el Tratado de Lisboa. Lejos quedan algunos de los principios enumerados en dicho Tratado, como que ‘[l]os Estados miembros apoyarán activamente y sin reservas la política exterior y de seguridad de la Unión, con espíritu de lealtad y solidaridad mutua y respetarán la acción de la Unión en este ámbito’ (art.24 Versión Consolidada del TUE), o bien que ‘[l]os Estados miembros coordinarán su acción en las organizaciones internacionales y con ocasión de las conferencias internacionales. Los Estados miembros defenderán en esos foros las posiciones de la Unión. El Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad organizará dicha coordinación’ (Parr.1, Art. 34, Versión Consolidada del TUE).

Ahston está para otras cosas. En éste contexto habrá que relativizar las expectativas sobre la dimensión ‘europeísta’ y el ritmo de integración en el campo de la Política Exterior. En realidad no sé que es más significativo, si la incapacidad para reaccionar en la arenas movedizas internacionales, o el pasmoso nulo interés cuando hay la oportunidad de celebrar y rentabilizar una victoria. 

Links de interés:
-Resolución Asamblea General Naciones Unidas, A/65/L.64/rev.1
-Estatus de Observador en la AG de las Naciones Unidas, entrada Wikipédia
-Report del Parlamento Europeo sobre la UE como un actor global: su rol en las organismos multilaterales, 29 de Abril de 2011
-Versión Consolidada del Tratado de la Unión Europea
-Commentary, European Policy Centre, 16.05.2011, por Megan Kenna