"When Princess Europa was kidnapped by Zeus in bull’s disguise, her father, Agenor, King of Tyre, sent his sons in search of his lost daughter. One of them, Cadmon, sailed to Rhodes. In Delphi he asked the Oracle about his sister’s whereabouts. On that specific point Pythia, true to her habit, was evasive -but she obliged Cadmon with practical advice: "you won’t find her. Better get yourself a cow, follow it and push it forward, don’t allow it to rest; at the spot where it falls from exhaustion, build a town".
Zygmunt Bauman



diumenge, de juliol 31, 2011

Dar ejemplo

Post publicado en El Europeo, 31.07.11


En uno de sus recientes artículos Amartya Sen ofrecía una arenga especialmente sugestiva para aquellos interesados en la dimensión ‘internacional’ de Europa. Sen argumentaba que “Europa ha sido la guía del mundo en la práctica de la democracia”, y que “es preocupante, por tanto, que, al irrumpir por la puerta trasera [de] las prioridades financieras, los peligros para la gobernabilidad democrática no estén recibiendo en estos tiempos la atención que deberían”.

La tesis del artículo de Sen consiste en señalar que las políticas de austeridad y las medidas contra la crisis no están siendo acompañadas del nivel de debate suficiente entre la sociedad, como si los gobiernos europeos diesen por sentado que hay que actuar de ésta manera o de ésta otra, y que en definitiva la política padeciera un cierto proceso de esclavización a las circunstancias (y “al poder omnímodo de las agencias calificadoras”). Lo más interesante es que Sen concluye que estas consideraciones no son solo importantes para los que están padeciendo este “retroceso” (los Estados europeos), sino que son importantes “para el resto del mundo”.

La visión de Sen sobre el papel de Europa en el tablero mundial nos dice algo que a menudo los europeos tendemos a olvidar, y es que las dilaciones y actuaciones de la Unión Europea tienen dos lecturas, la que realizamos desde dentro y la que el mundo porta sobre nosotros. A veces la mejor manera de ‘tomar distancia’ (uno de los tres atributos que según Max Weber debía ostentar todo buen político) es leer una editorial del New York Times, o de la Folha de São Paulo. De repente las cosas que ‘de verdad’ importan parecen aflorar como gotas de aceite en el agua: el no-liderazgo de Alemania como ‘El’ tema de ésta crisis, la naturalidad con la que se defiende avanzar hacia más integración para remediar la situación, la falta de visión política al crear el Euro sin una unión fiscal y un gobierno económico, o el sometimiento del proyecto comunitario a los vaivenes de los líderes ‘estatales’. Es como si, desprendidos de la lentilla informativa europea que todo lo nacionaliza y todo lo politiza, la simplicidad, naturalidad y trascendencia del proyecto europeo se leyera con más claridad.

Otro ejemplo: el otro día estaba en la conferencia de un think tank europeo y los participantes discutían sobre si era posible o no “salvar” Grecia, siempre desde una perspectiva nacional, como si en el fondo nunca dejáramos de hablar con el pasaporte español, italiano, o inglés. Uno de los ponentes era un alto funcionario europeo, acostumbrado a viajar, y atónito insistió que “en el mundo” nos ven como un “conjunto”, como un embrión de “super-estado” regional, como un proyecto que es demasiado importante y demasiado rentable (tanto para Europa como para las demás potencias emergentes) como para pensar que alguien pueda cuestionar la simple idea de “unión”.

La visión que tiene el exterior de la Unión Europea dice mucho de nuestras debilidades y de cómo los europeos nos mentimos a nosotros mismos. Europa es un conjunto y un referente, y parece sorprendente que todavía hoy el Presidente de Estados Unidos deba ‘llamar’ a Angela Merkel con el fin de presionarla para aprobar el rescate a Grecia. Durante el primer semestre de 2011 los europeos no hemos dado mucho ejemplo. No hemos estado a la altura de nuestras revoluciones ‘vecinales’, ni tampoco hemos sabido rodearnos de nuevos líderes que honoraran el Tratado de Lisboa. Tal vez, como parece indicar Sen, tampoco hayamos estado a la altura a la hora de actuar frente a la crisis sin olvidar nuestros fundamentos básicos, como el respeto al debate democrático y al individuo.

No se trata de esgrimir una especie de neo-eurocentrismo, abogando porque Europa asuma un supuesto 'papel de líder mundial y de padre de la civilización'. Se trata de darse los instrumentos para estar a la altura de nuestras propias expectativas. La dimensión internacional de la Unión Europea no es unidireccional. La Unión Europea debe hacer un esfuerzo, ahora más que nunca, para escuchar lo que se dice de ella y lo que le pide el resto del mundo.