"When Princess Europa was kidnapped by Zeus in bull’s disguise, her father, Agenor, King of Tyre, sent his sons in search of his lost daughter. One of them, Cadmon, sailed to Rhodes. In Delphi he asked the Oracle about his sister’s whereabouts. On that specific point Pythia, true to her habit, was evasive -but she obliged Cadmon with practical advice: "you won’t find her. Better get yourself a cow, follow it and push it forward, don’t allow it to rest; at the spot where it falls from exhaustion, build a town".
Zygmunt Bauman



dilluns, de juliol 04, 2011

Las invasiones no tan bárbaras

Hola!
Posteo el artículo que he publicado este fin de semana en El Europeo, retomando el debate que ya mencioné en este blog de 'ampliaciones internas y externas'. Podéis leer el artículo en su edición original aquí: Las invasiones no tan bárbaras, 03.07.11

Coincidiendo con el último respiro de la presidencia húngara Croacia firmó el pasado 30 de junio los últimos cuatro capítulos del paquete de adhesión a la Unión Europea. El dossier de Croacia se remonta a 2004, cuando la Comisión emitió una ‘opinión favorable’ a la candidatura del país, y desde entonces las reformas se han ido llevando a cabo hasta llegar al contexto actual.

La finalización del proceso negociador no marca sin embargo el final del proceso de adhesión. Llegados a éste punto, faltan todavía tres escollos que parecen, como mínimo, delicados. El primero es que Croacia deberá ratificar su propia adhesión mediante un referéndum, situación que puede fácilmente descontrolarse en un país con el 41% de la población en contra de formar parte de la UE. El Tratado deberá posteriormente pasar por el aro de los 27 Parlamentos de los Estados Miembro, proceso que puede verse seriamente afectado por el clima actual marcadamente pesimista así como por cierto repunte de las políticas proteccionistas. Finalmente el Parlamento Europeo deberá dar su visto bueno, votación que podría verse también afeada por una opinión ciudadana mayoritariamente enfocada hacía otras demandas y prioridades. El caso es que a pesar de las dificultades que persisten Croacia podría convertirse a mediados de 2013 en el 28 país en formar parte de la Unión Europea.

El procedimiento por el cual Europa ha ido ‘aceptando’ a nuevos socios ha sido siempre un tanto ‘ambiguo’, y desde la fallida Constitución Europea, hay una cierta visión entre muchos ciudadanos de que las adhesiones no han tenido suficientemente en cuenta la voluntad del ‘pueblo’ así como la necesidad de proteger cierta ‘identidad’ común europea.

A pesar de dichas consideraciones, la Unión tiene desde 1993 su propio procedimiento jurídico para formalizar la adhesión de nuevos Estados, con una especial importancia para los llamados ‘Criterios de Copenhague’.

La base jurídica que nos incumbe en el caso de las adhesiones es el artículo 49 del Tratado de la Unión Europea (TUE), en el que se especifican las condiciones (así como las modalidades) para que un país pueda llegar a formar parte de la UE. Dicho artículo subraya que debe tratarse de ‘un país europeo y respetar los principios comunes de libertad, democracia, respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales y el Estado de Derecho’. Con una simple relectura del artículo se percibe que los Tratados no concretizan los criterios por las cuales un país es considerado ‘un país europeo’. En éste sentido los textos jurídicos están pensados para que sean interpretativos y no dogmáticos, y que al mismo tiempo dejen suficiente margen de maniobra por si en futuras discusiones acordáramos que Serbia, Turquía o Islandia son suficientemente ‘europeos’.

Igual de ‘interpretativa’ es la cuestión de las fronteras ‘internas’ de la Unión Europea, es decir la posibilidad que un Estado que ya forme parte de la Unión Europea se divida, aumente o cambie en cualquier sentido sus ‘fronteras’. En esos casos, llamémosles ‘ampliaciones internas’, existe también una cierta indefinición legal y jurídica que deja las puertas abiertas a diferentes escenarios, aunque existen algunas pistas jurídicas que nos indican de por donde podría ir el asunto.

La primera precaución que hay que tener en cuenta en el caso de las ampliaciones ‘internas’ es hacer la distinción entre dos legalidades distintas, el derecho internacional y el derecho europeo. A nivel internacional el texto que hace referencia a los cambios y divisiones que pueda sufrir un Estado es la Convención de Viena de 1978 –Convention on Sucession of States in Respect of Treaties-. Para dicha Convención el principio que se aplica a nivel de los ‘Tratados’ en caso de secesión o disolución es el de la continuidad. En otras palabras, si un mismo país se dividiese en dos cada uno de los nuevos Estados ‘heredarían’ el corpus de Tratados que ya tenía el antiguo Estado.

A pesar de que existe dicha Convención ningún Estado miembro de la Unión Europea la ha ratificado. Además, la misma Convención especifica que el principio de continuidad está sujeto a los mecanismos que contemple la organización internacional a la que haga alusión cada uno de los Tratados. En otras palabras, si un país imaginario llamado Belgichaos se dividiese en dos, cada nuevo Estado heredaría automáticamente su membresía a Europa, a no ser que la Unión Europea hubiese especificado un procedimiento en particular (lo cual no ha hecho, pues no existe documento jurídico alguno, de ningún tipo, sobre la cuestión).

Llegados a éste punto, y después de haber hecho un repaso al tema de los posibles cambios ‘fronterizos’ externos y internos de la Unión Europea, nos queda analizar la cuestión desde un punto de vista político.

La construcción europea es un proyecto que se ha construido por etapas. El famoso ‘método comunitario’ ha sido el de evolucionar en función de los intereses políticos y de los acuerdos que se han ido alcanzando a lo largo de los últimos 50 años. En el 1954 por ejemplo se llegó a escribir un Acuerdo por el cual la Unión Europea tendría un ejército propio y un ‘gobierno’ federal (véase la fallida ‘Comunidad Europea de Defensa (CED)’). El acuerdo no cuajó y simplemente se rediseñó otra ‘Europa’, esta vez menos política y más económica y gubernamental. Así ha sido la construcción europea y de momento así seguirá funcionando mientras sigan primando los intereses de los Estados. Las negociaciones y los intereses geopolíticos son los que marcan las fronteras de la Unión Europea. Cuando los Jefes de Gobierno acordaron unir Alemania en dos (y por lo tanto cambiar las fronteras ‘internas’ de un país que ya era miembro de la Unión Europea), no supuso ningún problema que no existiera ningún texto jurídico sobre el tema. Cuando Groenlandia se anexó con Dinamarca, tampoco hubo mayor contratiempo.

Si bien es cierto que en el caso de las secesiones Europa nunca se ha encontrado con esa circunstancia, también es de esperar que reaccionaría con la misma ‘racionalidad’ y primando sus intereses como lo ha hecho hasta ahora. Y lo mismo pasa con las fronteras externas. Ya podría ser Croacia la cuna de la civilización europea, que no pasaría a formar parte de la Unión si así no lo quisieran los 27 Estados que forman actualmente el conjunto comunitario.

Concluyendo, la pregunta que talvez nos dé más respuestas no es la de si es ‘posible’ –políticamente y legalmente- que trozos de un mismo Estado sigan formando parte de la UE, o si los Balcanes serán un día no muy lejano ‘europeos’, la pregunta que nos ofrece más respuestas es la de si a la Unión Europea le sale a cuenta mantener esos territorios bajo su ala. Las fronteras de la Unión se definirán mucho más en función del interés económico y político, y no de culturas milenarias y de identidades descubiertas y por descubrir. Eso si, falta por ver que papel jugará la ciudadanía en todo esto. Europa ya  ya no puede permitirse la osadía de seguir ignorándola.

Referencia:
Bühler, Konrad G. State succession and membership in international organizations. Legal theories versus political pragmatism. The Hague: Kluwer Law
International, 2001 (Las páginas 18-30 resumen las diferentes opciones que los Tratados ofrecen para las adhesiones ‘automáticas’ en caso de disolución o secesión).