"When Princess Europa was kidnapped by Zeus in bull’s disguise, her father, Agenor, King of Tyre, sent his sons in search of his lost daughter. One of them, Cadmon, sailed to Rhodes. In Delphi he asked the Oracle about his sister’s whereabouts. On that specific point Pythia, true to her habit, was evasive -but she obliged Cadmon with practical advice: "you won’t find her. Better get yourself a cow, follow it and push it forward, don’t allow it to rest; at the spot where it falls from exhaustion, build a town".
Zygmunt Bauman



diumenge, d’agost 28, 2011

El pasaporte de DSK

Publicado en El Europeo, el 28.08.11.
Un abrazo y feliz rentrée!

Nicola Nova (CC)
De lo mucho que se ha escrito sobre l’affaire DSK, hay una frase, pronunciada por Jean Daniel, uno de los más fervorosos defensores del político francés Dominique Strauss-Kahn (DSK), que sintetiza la dimensión internacional del caso: “le sort infligé à DSK par la justice américaine me fait penser que le peuple américian et nous n’appartenons pas à la même civilisation“*. “Civilizaciones diferentes”. Así, tan llanamente y tan crudo. No se trata del comentario puntual de un desconocido. El autor comparte el mismo enfoque con diferentes articulistas ‘populares’ en Francia (entre los que destaca Bernard Henri-Lévy), y en este caso el comentario fue publicado por una revista de notable difusión, como Le Nouvel Observateur...

El caso DSK es uno de esos ejemplos que plasman la importancia del nacionalismo en el engranaje de lo que llamamos ‘política internacional’. Los posicionamientos en la esfera internacional siguen estando principalmente concebidos por la lógica de los Estados-(y)Nación. Hasta el punto a menudo de mermar nuestra capacidad de analizar los eventos con cierta distancia y manteniendo aquella famosa ‘capacidad crítica’.

La reacción de Francia –y que podría aplicarse en otros casos para hablar de la reacción de ‘Europa’- responde a dos factores, uno en clave interna, y el otro en clave comparativa.

A nivel interno, la respuesta beligerante y agresiva con que los franceses aprendieron la detención de DSK forma parte de un mecanismo psicológico de defensa, superados por lo que fue una sorpresa repentina y una decepción personal para muchos –la mayor probablemente tratándose del ‘futuro’ candidato para derrotar a Sarkozy-. La acusación ponía sobre la mesa un hecho tan vergonzoso que se convirtió en inaceptable. El ídolo se convertía en villano, y quién orquestaba el hechizo eran los ‘yankees’. Francia se escudó detrás de una mezcla de protesta, de incomprensión, de admiración y de orgullo, mientras algunos anglosajones aprovecharon para incidir en cuadros prejuiciosos y  aleccionamientos varios.
Es significativo que las primeras y más feroces críticas en Francia señalaran la publicación de las imágenes de DSK. Primero enmanillado, después sin afeitar y con la mirada perdida en la sala del juicio, finalmente sentado en el calabozo, como un preso más. Las imágenes son las que nos remiten a aquello que conocemos, a las emociones que integramos, a las series que vemos, a las películas que recordamos. DSK quedó visualmente retratado a ojos del público como el poderoso Al Capone sentado en el estrado, aquella escena que tan bien interpretó Robert de Niro en Los Intocables.

La segunda explicación responde a una serie de elementos, de ‘diferencias’ entre Estados Unidos y Europa, que algunos han llamado ‘culturales’. Unas diferencias que en el caso de DSK hablan de sistemas judiciales contrapuestos, de un poder más o menos fuerte de la prensa, de una tradición desigual a la hora de acercarse a la vida privada, al sexo y a la gravedad moral y religiosa detrás de una violación.

Son diferencias que más allá de sus complejidades nutren a menudo una reacción que pone de manifiesto nuestra escasa capacidad de mirar más allá de ‘nuestro’ modelo. Son contrastes ‘nacionales’ que nos conducen a situaciones como la de seguir sin reconocer que la Unión Europea ‘gobierna’ ya a día de hoy Europa, hasta el punto de cambiar constituciones, adelantar elecciones, o hacer caer primeros ministros –pregúntele al portugués Sócrates-. Son estructuras históricas que nos definen, y que sin ellas, formarse una opinión sobre la política en clave comparativa y plural se convierte en una misión compleja, incierta y a menudo aterradora.

En el caso DSK el choque de civilizaciones –y ésta vez entre las dos cabezas de Occidente- se ha fraguado en la justicia. En Estados Unidos el sistema es acusatorio, en el sentido que hay una persona encargada de ‘acusar’ (en éste caso el Fiscal de Nueva York, Cyrus Vance) antes incluso de emprender un juicio. En frente el defensor debe limitarse a demostrar que las pruebas son insuficientes, o que hay indicios determinantes que desautorizan la acusación. Hasta aquí es donde hemos llegado en el caso DSK. La fiscalía en este sentido tiene el derecho de investigar lo que considere, y la defensa –en función también de sus capacidades operacionales y económicas- debe anticipar y analizar a su favor las pruebas que se vayan a presentar. En Europa en cambio el modelo es inquisitivo, en el sentido que es el juez quien dirige las investigaciones pertinentes, tanto para esclarecer los cargos, como para desestimarlos.

Los dos modelos influencian el modo en que se ‘trata’ al acusado y a la víctima, así como sobre el proceso en sí. Al igual que en Francia –y en muchos países europeos- existen leyes que prohíben la publicación de fotos de acusados enmanillados en pro de la presunción de inocencia, también los mismos medios franceses promueven una sacralización entorno a las autoridades y un rechazo a juzgar sus hábitos morales, criminales o económicos. Del mismo modo que en Estados Unidos los fotógrafos son llamados para que graven e ilustren la sala del juicio –impensable en Europa- también allí hay programas de televisión que ostentan el poder de ‘criminalizar’ por su cuenta a ciudadanos que han quedado libres por la vía judicial –pregunten a la inquietante Nancy Grace-.

Las diferencias son innumerables, y los conflictos que envuelven comparativas ‘culturales’ nunca estarán exentos de dichos contrastes. El problema reside en la capacidad de saber analizar su propio sistema político y social, y hacer introspección. El relativismo o el nacionalismo no deben ser utilizados para defender según qué razonamientos, al igual que no debe inmovilizarnos a la hora de reconocer que nuestras estructuras políticas y sociales están cada vez más interconectadas. Y eso vale por DSK o Roman Polanski, como para entender que el cambio de paradigma que a chitas callando está viviendo Europa está cambiando nuestra soberanía nacional por una soberanía compartida.

*El castigo infligido a DSK por la justicia americana me hace pensar que el pueblo americano y nosotros no pertenecemos a la misma civilización