"When Princess Europa was kidnapped by Zeus in bull’s disguise, her father, Agenor, King of Tyre, sent his sons in search of his lost daughter. One of them, Cadmon, sailed to Rhodes. In Delphi he asked the Oracle about his sister’s whereabouts. On that specific point Pythia, true to her habit, was evasive -but she obliged Cadmon with practical advice: "you won’t find her. Better get yourself a cow, follow it and push it forward, don’t allow it to rest; at the spot where it falls from exhaustion, build a town".
Zygmunt Bauman



dissabte, de novembre 19, 2011

La democracia esclavizada

Me acuerdo como si fuera ayer de mi profesora de primaria, D. Secroun, leyéndonos La cigale et la fourmie de La Fontaine. En Europa nos está pasando lo mismo, pero no con la crisis, sino con la democracia.

Durante años hemos tenido la oportunidad de construir la Europa de todos. La Europa de todos significa un sistema democrático, basado en el parlamentarismo y la rendición de cuentas al electorado. La Europa de todos en términos prácticos, hubiera significado que la integración económica y comercial se acompañara de una integración política, social, fiscal y educativa. Algunos llevan 25 años defendiéndolo. La Europa de todos, sobre todo, hubiese significado crear un sistema mediante el cual las decisiones las tomaran un grupo de representantes y políticos funcionando bajo el sistema de mayorías.

En la práctica hemos tenido más de 20 años, desde 1989 (y el posterior tratado de Maastricht en 1994) para implementar al menos tres condiciones básicas:
-que la Unión Europea tuviese un sistema parlamentario por el cual la Comisión es escogida en función de las mayorías y acuerdos políticos que se diesen en el Parlamento Europeo, y que éste último lo formaran eurodiputados escogidos en una circunscripción europea, no nacional.
-que la Comisión se ocupara de librar la batalla comunicativa y simbólica para que los Estados y el Consejo Europeo perdiesen el papel dominante en el liderazgo político continental.
-que la Comisión hubiese tenido el coraje para lanzar una política de socialización europea, con el objetivo de crear ‘europeos’ (y eso sólo se hace cuando los medios de comunicación, los políticos y los sistemas educativos enseñan sobre Europa, y dicen la verdad sobre el rol que juegan las instituciones comunitarias en nuestro día a día).

Todo eso sólo hubiese sido posible si los Estados lo hubiesen permitido. Y allí está la mayor de las contradicciones. Los Estados, y en parte nosotros mismos como sus ciudadanos, no quisimos avanzar en la integración política europea, hacia el federalismo, porque consideramos que eso nos hacía perder nuestra ‘soberanía’. ¿Acaso hay algo menos soberano y más peligroso que el hecho que un par de líderes (Sarkozy y Merkel –pero podrían ser cualquier otros-) y los aléas financieros tengan el poder de cambiar constituciones, avanzar elecciones o cambiar gobiernos democráticos por ‘tecnocrátas’? ¿Acaso hay algo más humillante, acaso no es la peor de las rendiciones, que un país se doble a los intereses y demandas de otro país? ¿Acaso no es eso precisamente lo que los Estados, en su corta y miopía nacionalista, querían evitar? ¿Acaso no es igual de vejatorio, anti-democrático e inaceptable que Alemania o Francia, o Polonia, o Estados Unidos, unilateralmente con sus decisiones, y con sus políticos escogidos por alemanes, franceses o americanos nos ‘gobierne? ¿Acaso eso no es una forma de colonialismo? 

Estoy a favor del federalismo europeo, porque es el modelo que garantiza una Europa de todos. Pero esta Europa es la Europa de unos pocos, y nos obliga a los ciudadanos a cargar con las consecuencias de una política que ni ha sido consensuada, ni ha sido discutida, ni ha sido votada, ni tiene fundamento legítimo.No, los recortes no tienen porque ser el 'único' y 'verdadero' camino. Y si tiene que serlo, que lo hayamos al menos decidido democráticamente. El día que la Europa de todos, basada en el principio de la mayoría y representación democrática, me obligue a cambiar mi gobierno, me obligue a tragarme mis preferencias y prioridades políticas, diré sí. El día en que la Europa de unos pocos tumbe nuestros gobiernos, nos limite y nos obligue a renunciar a nuestras convicciones políticas –no porque las convicciones políticas de otros hayan ganado, sino porque no podemos ni defenderlas- ese día debemos tener muy claro lo que está pasando.

Eso no es democracia. Eso no es política. Y eso, sobre todo, no es una Europa con futuro.
Como ciudadano, como europeísta, la situación actual me da miedo. Y culpo a los Estados de haber intentado mantener una situación irrealista, ilusoria y engañosa, pensando que por un lado podían mantener un sistema basado en el intergubernamentalismo, engañando a los ciudadanos y sin decirles que nuestro poder era cada vez menor, y por el otro seguir siendo perfectamente conscientes –como lo asumen ahora- que el futuro pasa por las decisiones que tomemos conjuntamente en Europa. Si hubiéramos trabajado durante toda la primavera para construir una Europa democrática, ahora no estaríamos en pleno invierno a la intemperie, viendo como por primera vez los ciudadanos europeos nos vemos empujados a perder nuestra integridad política. No, así no.

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