"When Princess Europa was kidnapped by Zeus in bull’s disguise, her father, Agenor, King of Tyre, sent his sons in search of his lost daughter. One of them, Cadmon, sailed to Rhodes. In Delphi he asked the Oracle about his sister’s whereabouts. On that specific point Pythia, true to her habit, was evasive -but she obliged Cadmon with practical advice: "you won’t find her. Better get yourself a cow, follow it and push it forward, don’t allow it to rest; at the spot where it falls from exhaustion, build a town".
Zygmunt Bauman



dijous, de juliol 12, 2012

El vicio intergubernamental


La legislación social y las competencias macroeconómicas se están modificando en un tiempo récord. Los chivos expiatorios se hacen y se deshacen con rapidez. Baudet, provocativo, comparaba recientemente la Unión Europea con un ‘imperio’ de tendencia belicista... Otros sacan tajada para promover su agenda populista y xenófoba, y algunos ofrecen ‘nuevos’ caminos (Leonard hace un repaso en ‘Terminando con el statu-quo europeo’, y Vaquer profundiza en ‘Reclaiming democratic demands from the populists’). Más allá de los posibles riesgos es probable que el espacio político se redibuje considerablemente en dos o tres años. Uno de los factores que puede influenciar es el formato en el que se sigan tomando las decisiones a nivel continental.

Desde 2008 el Consejo Europeo ha ido adoptando una serie de iniciativas sobre la regulación y armonización económica en Europa. La cumbre del pasado junio marca un paso en esa dirección (aconsejo el interesante resumen en Café del’Europe ‘Point de vue fédéraliste sur les conclusions du Conseil Européen’, al que añado el post de Pisani-Ferry ‘Imagine a world without Europe’).

A lo largo de estos meses los intentos sucesivos de resolución han surgido siempre a raíz de acuerdos ‘intergubernamentales’. Las opiniones de la Comisión y del Parlamento, instituciones que representan el interés común comunitario, han tenido un rol relativamente secundario. En parte porque la urgencia y amplitud del desastre desborda las competencias comunitarias actuales (los propios Tratados dan todavía un rol prominente al Consejo Europeo en muchos aspectos), en parte también porque la Comisión no ha sabido erigirse en contrapoder ‘europeísta’ efectivo.

El formato intergubernamental tiene sus límites y más en un contexto de crisis aguda. Por un lado está sujeto a consideraciones tan volátiles como la personalidad de los líderes y sus dotes negociadoras. Además, es en su esencia una forma de organización ‘diplomática’. Es decir, los resultados se explican por una mezcla de intereses ‘racionales’ más o menos sabidos, del tipo de personas involucradas, y sobre todo en función de la balanza de poderes (a nivel económico, territorial, cultural, incluso moral). El outcome no emana de la mayoría, sino como resultado del equilibrio de fuerza entre unos y otros. Como más se dependa de un actor, más capacidad de imposición tiene éste.

La falta de voluntad por parte de los dirigentes para promover un debate de calado entre la ciudadanía sobre la hoja de ruta adoptada no mejora la situación. Sin líderes dispuestos a hablarle a Europa en general, aunque sean representantes de un país u de otro, el intergubernamentalismo es doblemente cruel y desagradecido.

El resultado es profundamente peligroso. Se han creado nuevos mecanismos y políticas públicas que a menudo violan no sólo el principio de ‘soberanía’ política, si no más importante, el principio de supervisión y rendición de cuentas a través del electorado y marco parlamentario. A falta de un salto federal, los estados están gobernando oficiosamente la Unión Europea a volantazos diplomáticos. No es de extrañar que ante una presión extrema algunos se planteen incluso una Europa a ‘diferentes velocidades’ (herejía hace unos años), aunque más como una forma de rodear el ‘problema inglés’ que como un reconocimiento implícito de los límites obvios del modelo intergubernamental.

En definitiva, las decisiones escapan al control de los ciudadanos a pesar del encomiable esfuerzo del Parlamento Europeo por ofrecer algún tipo de contestación y acompañamiento político al ritmo y pautas marcado por el Consejo.

El debate sobre la ‘federalización’ de Europa ha dejado de ser una eventualidad política y cada día que pasa se convierte más en una exigencia democrática inaplazable.

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