"When Princess Europa was kidnapped by Zeus in bull’s disguise, her father, Agenor, King of Tyre, sent his sons in search of his lost daughter. One of them, Cadmon, sailed to Rhodes. In Delphi he asked the Oracle about his sister’s whereabouts. On that specific point Pythia, true to her habit, was evasive -but she obliged Cadmon with practical advice: "you won’t find her. Better get yourself a cow, follow it and push it forward, don’t allow it to rest; at the spot where it falls from exhaustion, build a town".
Zygmunt Bauman



dimarts, de novembre 27, 2012

El 'todo o nada' británico

(Publicado en Sesióndecontrol.com, 26.11.12)

El acuerdo entre Escocia y el Reino Unido prevé que el referéndum de 2014 ofrezca sólo dos alternativas: a favor o en contra de la independencia. Una actitud maximalista que tropieza con el deseo de la mayoría de escoceses y que además puede empujar a Cameron a mantener una opción similar en relación al futuro del Reino Unido en Europa.

El 16 de octubre, un día después de que el gobierno del Reino Unido y el primer ministro escocés firmaran un acuerdo para celebrar un referéndum de independencia, los periódicos ofrecían su visión de ‘quién había ganado’.... 


El argumento más repetido era que Salmond había conseguido el voto de los jóvenes de 16 y 17 años. En contrapartida, el primer británico conseguía que la pregunta fuese solamente sobre la independencia. La tercera vía, la ‘devolution-max’ –o  ‘devo-max’-, una mejora del sistema autonómico británico actual, quedaba fuera de juego, a pesar de ser la opción más deseada, por delante de la independencia. 6 de cada 10 escoceses hubiesen querido pronunciarse sobre dicha opción –que en las encuestas del año pasado contaba con un apoyo de más del 70%. En comparación, los sondeos de octubre sobre el referéndum de independencia son de 30% a favor y 58% en contra, con un retroceso de cinco puntos menos que en junio para el campo del sí.


La estrategia de Cameron ha sido la de forzar una pregunta de extremos, a sabiendas que el grueso de la población escocesa se decanta ahora mismo por una opción de mejora más que de replanteamiento. La visión independentista sufre además los daños colaterales de una campaña extremadamente exigente, donde se va más allá de la discusión sobre el estatus de la región y se reclama una visión conclusiva de qué tipo de país sería Escocia si fuera independiente. Una pregunta que tal vez Salmond no pueda (ni deba) responder, tal y como se señala en la hoja de ruta publicada este mes por la propia Scottish Independence Convention.  

Ya se sabe que intentar diseñar la patria perfecta es misión imposible, lo que se consigue es precisamente lo contrario. No se puede contentar a todos al discutir sobre qué tipo de seguridad social hay que adoptar. O sobre el Jefe del Estado. O sobre si el país debería depender del banco de Inglaterra y mantener la libra o intentar adoptar el euro y acercarse a Europa. Estas preguntas son legítimas, y son naturales que surjan ahora, pero son más propias de ser respondidas en unas elecciones o después de un proceso constituyente, no en un referéndum.

De momento la ‘trampa’ de Cameron está surtiendo efecto. Cuando la mayoría opta por el centro, los maximalismos asustan, y la prudencia se convierte en un refugio.

A eso se añade que muchos unionistas están sabiendo captar lucidamente el estado de ánimo de los escoceses. Los liberal-demócratas, socios de gobierno de Cameron, plantearon en octubre una propuesta en firme para convertir el Reino Unido en una ‘Federación’ (allí es nada). Los propios Tories, por medio de uno de sus mitos vivientes, Lord Heseltine, han propuesto recientemente una reforma del sistema autonómico para que las regiones puedan acceder a 58 mil millones de libras para proyectos de desarrollo. ‘Revertir 100 años de centralismo’, decía el Financial Times. Casi nada también…

Sin embargo es curioso darse cuenta que lo que le está sirviendo a Cameron para Escocia puede pasarle una factura enorme en relación a la Unión Europea. Los Tories radicales, los secuaces de Reckless, están cada día más cerca de forzar un referéndum en Londres sobre la pertenencia del país en la Unión Europea. La opción ‘sensata’, y la opción que discretamente prefiere Cameron es la de una ‘remodelación’ de la relación con Europa. Repatriar algunos poderes, conseguir un trato preferencial, influenciar en aquellos temas que le importan (pero en los otros tener opción de veto)… y así sucesivamente. Dicho de otro modo, Cameron aboga por una especia de ‘devo-max’ para el Reino Unido en Europa.

Con una diferencia, si la misma lógica maximalista que ha aplicado en las islas triunfa, y los británicos se ven empujados a decidir entre un claro y rotundo ‘sí o no a la UE’, es probable que ni los cantos de sirena de Cameron, ni las medias tintas del Labour, puedan evitar la salida de los británicos.

Los dos casos son un ejemplo del doble rasero de la política maximalista. La búsqueda del consenso deja paso a la ruleta del casino. Unos días se gana, y otros, puedes perderlo todo.