"When Princess Europa was kidnapped by Zeus in bull’s disguise, her father, Agenor, King of Tyre, sent his sons in search of his lost daughter. One of them, Cadmon, sailed to Rhodes. In Delphi he asked the Oracle about his sister’s whereabouts. On that specific point Pythia, true to her habit, was evasive -but she obliged Cadmon with practical advice: "you won’t find her. Better get yourself a cow, follow it and push it forward, don’t allow it to rest; at the spot where it falls from exhaustion, build a town".
Zygmunt Bauman



dimarts, de novembre 27, 2012

Los secuaces de Reckless

(Publicado en Sesióndecontrol.com, 13.11.12) 

El próximo día 22 y 23 de noviembre se reúne el Consejo Europeo para intentar llegar a un acuerdo sobre el presupuesto para el período 2014-2020. Las posiciones a día de hoy parecen irreconciliables...


 El gobierno de Cameron aboga por una ‘congelación’ del gasto descontando la inflación. Es decir, si se gastaba 8 hace 10 años, seguir gastando 8 (aunque ahora el coste real equivalga a 8,4). Alemania, que en 2010 firmaba una declaración conjunta a favor de la posición de Cameron ha cambiado de parecer. Los eventos y los acuerdos que han tenido lugar desde ese entonces así lo exigen. La lógica es que no se puede pretender dar un salto cualitativo en el funcionamiento de una estructura sin reorganizar (y aumentar) los recursos a su disposición. En el caso de la Unión, un análisis comparativo con otros países es suficiente para darse cuenta que la cantidad de competencias comunitarias no se corresponde con el pírrico tamaño de los recursos disponibles. Los recursos son ínfimos (y además descompensados a favor de subvenciones agrícolas), a lo que se añade el problema de que la Unión no dispone –hasta el momento- de recursos propios.



La Unión Europea tiene un problema de democracia, pero también de capital. A veces se critica la incapacidad de la UE a resolver todos los problemas olvidando que dispone de sólo el 1% del PIB continental para organizar, entre otros: la futura supervisión bancaria, la protección del medio ambiente, pagar carreteras, subvencionar los programas educativos como Erasmus, lanzar fondos de cohesión, mantener unas instituciones internas y delegaciones en el exterior, legislar y controlar abusos competenciales, desarrollar las misiones de cooperación y de ayuda al desarrollo, promover el crecimiento y el empleo, incentivar la investigación e innovación en Europa... Para una organización política que influencia directamente el futuro de millones de personas la falta de recursos y de autonomía económica representa más que nada un peligro democrático.

Pero hay además un elemento clave para entender el cambio de Alemania: Polonia. Merkel ha descubierto en el gobierno de Tusk un posible aliado fundamental para el futuro. Un verdadero socio al este frente a la debacle de los socios mediterráneos, la incapacidad crónica de Francia para apostar por el europeísmo y la retirada en tromba de los británicos. Europa del Este necesita recursos para converger hacia arriba (tal y como hicieron en su día España, Portugal, Grecia…). Esa era la tierra prometida. Con perspectiva no cabe duda de que algunos de esos recursos se gestionaron mal, la responsabilidad es de todos: los que dejaron de controlar porque también hacían beneficios, y los que no supieron gestionar con madurez. Pero la idea de Europa como un instrumento de convergencia para arriba sigue siendo válida. Debe seguir siéndolo. Y para converger, es necesario invertir.  

En ese panorama el Reino Unido ha decidido adoptar otro camino. Un camino que no tiene tanto que ver con el ‘dinero’, si no con la evolución de la Unión. La posición británica, por primera vez, no es la de maximizar sus intereses. Si no la de un cuestionamiento profundo sobre la pertenencia a una estructura que lenta pero inexorablemente se ve empujada a federalizarse. Sólo así se entiende que 50 diputados Tories decidieran votar contra su propio gobierno pidiendo que Cameron negociara el 22 de noviembre no sólo una congelación del presupuesto, si no un recorte. Lo que equivale, a un suicido político.

Liderados por un tal ‘Reckless’ de nombre –que coincidencias del destino quiere decir en inglés ‘imprudente’-, los Tories rebeldes se unieron a los diputados Labour para tumbar la moción del gobierno. Una unión oportunista que sin duda pasará una factura de enorme calibre a los laboristas si algún día quieren liderar la ofensiva ‘europeísta’ en Inglaterra.

El voto puso de manifiesto algo evidente. La derecha británica, a diferencia de los partidos conservadores a lo largo y ancho del continente, está dispuesta a empujar a su propio gobierno a una situación límite en relación al tema de Europa. Los dos periódicos de influencia liberal/conservadora, el Financial Times y el Daily Telegraph publicaban dos editoriales bien distintas que revelaban el dilema: el primero apuntando la ingenuidad de los rebeldes, el segundo apoyando una rebelión portadora de la ‘voluntad del pueblo’. 

La radicalización de los Tories muestra además hasta qué punto el debate se ha convertido en una cuestión de sentimientos y no de lógica política. En efecto, por cuestiones legales el presupuesto europeo se mantiene el mismo cada año (añadiendo la inflación) en caso de que no se llegue a un acuerdo. Es automático. Qué los Tories empujen a su líder a un veto no tiene sentido. En la práctica para ellos implica salir perdiendo.

En este sentido el Reino Unido ha apostado por el no a Europa, como principio, aunque intentará en los próximos meses quedarse con lo mejor y lo que más le conviene. ‘Reformular’ la relación con Europa, tal y como apuntó William Hague, el ministro de exteriores, en Berlín. Una visión de ‘pick and choose’ que sólo puede tener éxito si países como Alemania aceptan un trato aún más preferencial para las islas. Y la Unión también tiene sus límites para el cinismo.

El 22 y 23 de noviembre los estados europeos deberán fijar una cifra entre los 885 billones que propone Cameron, y los 1,091 billones que propone la Comisión. De esa cifra dependerá el futuro de Europa hasta 2020, pero también puede marcar el monto que haga saltar al Reino Unido por la borda.