"When Princess Europa was kidnapped by Zeus in bull’s disguise, her father, Agenor, King of Tyre, sent his sons in search of his lost daughter. One of them, Cadmon, sailed to Rhodes. In Delphi he asked the Oracle about his sister’s whereabouts. On that specific point Pythia, true to her habit, was evasive -but she obliged Cadmon with practical advice: "you won’t find her. Better get yourself a cow, follow it and push it forward, don’t allow it to rest; at the spot where it falls from exhaustion, build a town".
Zygmunt Bauman



dimarts, de gener 22, 2013

Laboristas-liberal-demócratas

(Publicado en Sesióndecontrol.com, 21.01.13)

El pasado viernes David Cameron canceló el esperado discurso en el que pretende sentar las nuevas bases de la relación entre el Reino Unido y Europa. Estaba todo listo, incluso el local (en Amsterdam), y las invitaciones. Pero el trágico secuestro en una planta de la petrolera BP en Argelia le hizo retrasarlo.
El discurso ha sido agendado y cancelado tantas veces que el propio Cameron dijo que, cuando lo diese, sería una experiencia ‘tántrica’. Una forma de quitarle hierro a una situación que en realidad no tiene la mínima gracia para el primer ministro británico.

Cameron, queriendo o sin querer, ha asumido con su estrategia una responsabilidad histórica, la de lidiar con el ‘problema’ europeo en el Reino Unido. Una responsabilidad que aunque no lo parezca no le corresponderá en exclusiva a él, sino que dependerá igualmente de las posiciones que adopten el partido laborista y los socios de gobierno de Cameron, los liberal-demócratas.



La ambigüedad laborista
 
Después de muchos meses de ambivalencias, los laboristas defenderán la siguiente línea: seguir en la UE, reformarla –no abandonarla- y, en las circunstancias actuales, oponerse a una consulta popular. Nótese el ‘en las circunstancias actuales’. Es decir, que el partido no descarta la posibilidad de recurrir ‘algún día’ a una consulta, pero considera que ahora no es el momento, y menos de la mano de una propuesta liderada por Cameron. Así lo han confirmado esta semana tanto Ed Balls, exministro de Gordon Brown y ahora responsable económico del partido, como Alexander Douglas, el responsable de exteriores laborista.

Para el principal partido de la oposición el planteamiento parece obvio, pero no lo es. Con su estrategia los laboristas están asumiendo dos riesgos de enorme calado político y electoral. El primero es que si Cameron propone un referéndum (en vistas a las elecciones de 2015) y los laboristas se oponen, los conservadores lo utilizarán para acusarles de amordazar y reprimir la voluntad popular. Una acusación extremadamente dañina, sobre todo en período electoral.

El segundo riesgo es que oponerse a la celebración de un referéndum va ahora mismo en contra de todas las encuestas de opinión en Inglaterra. Los últimos sondeos confirman que hasta un 56% de la población apoyaría salir de la Unión Europea, frente a sólo un 30% que defiende la permanencia. Entre el electorado laborista hasta un 44% apuestan por dejar la Unión Europea. Cifras espectacularmente altas que demuestran la magnitud de la tarea a la que se enfrentará el Partido Laborista, incluso entre sus propias filas.

Además de estos dos riesgos hay un elemento de fondo y es que Europa nunca ha sido para los laboristas ingleses un tema prioritario. La economía es el eje que vertebra al electorado laborista inglés y es a partir de esa perspectiva que tal vez se pueda explicar la estrategia en relación al tema europeo.

El cálculo en el que parecen estar basándose es el siguiente: ¿qué contará más para los electores en 2015, las perspectivas de recuperación y crecimiento económico o un posible referéndum sobre Europa?. Para los laboristas lo prioritario es poder ofrecer una alternativa al deterioro económico. Un deterioro que todavía puede empeorar si la perspectiva de un referéndum a largo plazo conlleva incertidumbres financieras, económicas, legales y políticas sobre el futuro del Reino Unido. Frente a un primer ministro esclavo de la lucha interna en el Partido Conservador, el Partido Laborista se presentará como el valedor de las ‘necesidades de toda la nación’.

La duda es si el argumento económico bastará, o los laboristas deberán apostar claramente por el idealismo europeo, de la mano por ejemplo de Tony Blair o David Miliband.

El psicótico caso de los liberal-demócratas
 
El tema europeo forma parte del ADN de un sólo partido británico: los liberal-demócratas. Los desafíos relacionados con la construcción europea han sido centrales en la historia del partido. El choque entre la biografía de su líder y la posición que defiende actualmente como primer ministro adjunto no podría ser más brutal.

Si hay un político activo hoy en día en Europa que encarne el nuevo modelo de político transnacional ese es Nick Clegg. Ejercició como eurodiputado, trabajó para la Comisión Europea, formó parte del equipo comunitario que negoció la entrada de China y Rusia en la Organización Mundial del Comercio, está casado con una española, habla seis idiomas, estudió en una institución postnacional como el Colegio de Brujas…

Pero este prototipo perfecto del nuevo político ‘europeo’ sólo tiene un problema: es el segundo de a bordo de un gobierno tripulado por los ‘tories’ de David Cameron. Si hay un tema que consiga dejar al descubierto las anomalías ideológicas de la coalición gubernamental, ese es el tema europeo. En ese sentido cuesta encontrar un político liberal-demócrata que no haya criticado ya públicamente la estrategia de Cameron. El propio Clegg lo hizo sin reparos. Danny Alexander, el jefe adjunto del ministerio de economía, hizo lo propio. Y eso por no mencionar a los eurodiputados liberales, como Andrew Duff o el propio ministro de Empresa e Innovación, Vince Cable.

Los liberal-demócratas y los ‘tories’ llegaron a un acuerdo cuando formaron gobierno: los conservadores no intentarían repatriar  poderes y a cambio los liberal-demócratas se comprometían a celebrar un referéndum en caso que hubiese que delegar nuevos poderes hacia Europa. Esa cláusula debía servir de dique a las aspiraciones de los euroescépticos radicales. Sin embargo, como en otros tantos temas –como congelar las tasas universitarias, o cambiar el sistema electoral británico hipermayoritario-, también en el tema europeo las prioridades de Clegg han quedado en un segundo plano.

Esa incapacidad de estar en pie de igualdad con Cameron se ha traducido en una caída en picado en cuanto a intención de voto para los liberales. El rédito político que está consiguiendo Clegg en el gobierno es ínfimo, o al menos no consigue narrar su trabajo de forma eficaz como para aumentar el apoyo popular.

No cabe duda que los socios de Cameron son europeístas, pero con el desequilibrio gubernamental existente no se sabe hasta qué punto los liberal-demócratas representan un freno efectivo a las demandas más euroescépticas. En ese sentido el discurso de Cameron –tanto por su radicalidad, o por su sentido del equilibrio- también será un indicador de la capacidad de contrarrestar que le queda a Clegg.

Update: sigue el discurso de Cameron esta semana en #TheSpeech
Update2: Storify con todas las noticias relacionadas en el blog de Jon Worth

2 comentaris:

Jorge Juan Morante ha dit...

Es una pena que los liberal-demócratas no hagan caer a David Cameron porque a día de hoy es, en mi opinión, lo único que puede hacerles recuperar su crédito electoral.

Saludos,

Jorge Juan Morante

Dídac G. ha dit...

Ei Jorge Juan!
Thanks por el comment.
Estoy de acuerdo contigo.
Los Lib-Dem tienen una concepción un tanto rara de su rol en la coalición, es como si creyeran que aguantar es más importante que ser coherentes con su ADN. Sacrifican sus valores en el altar de la estabilidad. Algunos dicen qué es por qué es un partido pequeño, que nunca podía aspirar a gobernar.
Saludos, Dídac G.