"When Princess Europa was kidnapped by Zeus in bull’s disguise, her father, Agenor, King of Tyre, sent his sons in search of his lost daughter. One of them, Cadmon, sailed to Rhodes. In Delphi he asked the Oracle about his sister’s whereabouts. On that specific point Pythia, true to her habit, was evasive -but she obliged Cadmon with practical advice: "you won’t find her. Better get yourself a cow, follow it and push it forward, don’t allow it to rest; at the spot where it falls from exhaustion, build a town".
Zygmunt Bauman



dimecres, de febrer 27, 2013

La extraña pareja

(Publicado en Sesióndecontrol.com, 18.02.13)

Hace escasas semanas la coalición que gobierna el Reino Unido llegaba a la mitad de su mandato. Los dos líderes, David Cameron y Nick Clegg, dieron una rueda de prensa conjunta alabando la labor del gobierno, al mismo tiempo que publicaban su programa de ‘mitad de mandato’.





Comparado con el programa que la coalición presentó hace 2 años y medio muchas cosas han cambiado, tanto en el contenido como en la forma. Hace dos años la noción de ‘big society’ era el leitmotiv de una ‘nueva forma de gobernar’, una nueva visión que empoderara a las organizaciones y asociaciones sociales. El objetivo era que la sociedad por si sola pudiera responder a algunas de las demandas que se atribuyen tradicionalmente al Estado del Bienestar. También destacaba la promesa de equilibrar las finanzas del Estado, y de promover el crecimiento. En 2013 los tres puntos han pasado a un segundo plano.

Con el programa de 2010 en una mano y el que ahora publica el gobierno en la otra queda patente que no ha sido un camino de rosas. Aunque el ‘coste político’ no se ha repartido de la misma manera entre los dos socios de gobierno. Asimismo

De ‘kingmaker’ a bufón de la corte

El día después de las elecciones en 2010, con los medios de comunicación y la sociedad irradiando ‘cleggmanía’, el líder liberal-demócrata se paseaba por Londres como el auténtico ganador de los comicios. Los Tories y los laboristas le abrían sus puertas por igual. Ninguno de los dos partidos históricos tenía la mayoría necesaria para formar gobierno. Los liberal-demócratas eran los ‘kingmakers’ como dicen los ingleses, los ‘hacedores de reyes’.

En uno de sus viajes mientras negociaba con unos y otros un periodista de The Guardian le hizo una foto a Nick Clegg en su coche. Con la fortuna que captó la lista que llevaba en la mano Clegg, escrita de su propio puño y letra. En esa ‘lista’ estaban escritas las condiciones para formar gobierno con Cameron. Esas eran las prioridades, los temas que garantizaban el apoyo liberal-demócrata. Esa lista también dejaba al descubierto las razones para apoyar a Cameron, y por lo tanto los puntos por los que se juzgará a los liberal-demócratas en las próximas elecciones de 2015.

Revisando esa famosa lista, Nick Clegg ha salido perdedor en todos los puntos. Incluso en aquellos que marcaba como ‘líneas rojas’. Consiguió por ejemplo que Cameron organizara un referéndum para cambiar el sistema electoral híper-mayoritario del Reino Unido, pero el propio Cameron hizo campaña en contra. No solo eso, sino que cuando el referéndum tuvo lugar en 2011, la imagen de Clegg había sufrido tal deterioro, que los que querían ganar la consulta le tuvieron que pedir que se mantuviera al margen. 



Esa derrota escoció. Pero sobretodo fue una derrota con unas consecuencias estratégicas a largo plazo para el partido de Clegg. Sin un cambio en la ley electoral, es probable que los liberal-demócratas no vuelvan a tener jamás la oportunidad de ocupar una posición de gobierno.

Aunque el golpe de gracia vino en 2012. Clegg no pudo con la presión de sus socios de gobierno y aceptó una nueva política universitaria que incrementaba las matrículas de los estudiantes. La furia fue tal entre uno de los sectores más liberal-demócratas en Inglaterra –los estudiantes- que Nick Clegg gravó un vídeo diciendo que lo ‘sentía muchísimo’. La red se inflamó una vez más frente a la enésima derrota del líder liberal-demócrata.
                                     
El mismo mes que Cameron y Clegg intentaban mantener las apariencias con su revisión de mitad de mandato Cameron lanzaba su órdago sobre la Unión Europea y un posible referéndum en 2017. Nick Clegg tampoco ha sabido o ha podido influenciar y equilibrar la política europea de Cameron, a pesar de que Europa es el ABC de la ideología defendida por los liberal-demócratas. Sin ir más lejos el propio Clegg fue eurodiputado, trabajó para la Comisión, estudió en el Colegio de Brujas, está casado con una española…

La apuesta de Clegg

El partido de Nick Clegg consiguió en 2010 57 diputados, con el 23% de los votos. En la última encuesta del mes de febrero de 2013, los liberal-demócratas consiguen un 9% de intención de voto, a la altura del ultra UKIP. Lo más preocupante para el partido es que la secuencia de derrotas políticas dificulta la capacidad de justificar su participación en el gobierno. Los medios de comunicación que en 2010 alababan la aparición de un tercer partido en discordia, se mofan ahora sin dudarlo del líder liberal-demócrata. ‘Lib-dead’ –lib-muertos, ‘lib-demolished’ –lib-derribados- les llaman, haciendo un juego de palabras con ‘lib-dem’, el abreviado con el que se conoce al partido.

El partido y su líder se enfrentan al desafío de justificar ya no sólo su participación en un gobierno Tory, sino su propia razón de ser. ¿En qué se diferencian los liberal-demócratas de lso conservadores? ¿Qué políticas han sido lideradas por el socio minoritario del gobierno?

En este sentido la apuesta de Clegg parece estar basada en dos elementos. Por un lado una concepción ‘pausada’ de la política. Aguantar ya es ganar. Y más para un partido que nunca había tenido experiencia de gobierno. La pregunta es si la ‘prudencia’ que exime Clegg, y esa voluntad de preferir el acuerdo al afrontamiento con sus socios de gobierno, puede conducirle a una victoria electoral.

El segundo elemento que puede determinar la estrategia de Clegg es la proyección de mejora económica antes de 2015. La incógnita es saber si los electores estarán dispuestos a eximir a Clegg de las promesas rotas en función de la situación contextual en la que se encuentren en 2015.

En ambos casos la estrategia de Clegg es arriesgada. Al primer ministro adjunto le quedan 2 años para evitar el ‘liberal-democidio’, el ‘lib-democrash’… Una tarea tal vez demasiado cuesta arriba.


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