"When Princess Europa was kidnapped by Zeus in bull’s disguise, her father, Agenor, King of Tyre, sent his sons in search of his lost daughter. One of them, Cadmon, sailed to Rhodes. In Delphi he asked the Oracle about his sister’s whereabouts. On that specific point Pythia, true to her habit, was evasive -but she obliged Cadmon with practical advice: "you won’t find her. Better get yourself a cow, follow it and push it forward, don’t allow it to rest; at the spot where it falls from exhaustion, build a town".
Zygmunt Bauman



dimarts, d’abril 16, 2013

El fin de la Big Society

(Publicado en Sesióndecontrol.com, 15.04.13)

Tres años después de ganar las elecciones con la ‘big society’ el concepto desaparece del mapa político. Un fracaso comunicativo y de fondo. 



En 2010 David Cameron ganó las elecciones británicas basándose en un concepto sugerente: la ‘big society’. La ‘gran’ sociedad. Era la clave de bóveda. La campaña giró permanentemente alrededor del término y se presentó como el pegamento que unía las diferentes partes del programa Tory.

La expresión tenía la magia de ser uno de esos eslóganes capaces de transmitir toda una visión política en dos palabras. El fondo era que ‘el gobierno no tiene todas las respuestas’, y que frente a un estado del bienestar omnipresente y mastodóntico, los británicos podían optar por redistribuir el poder hacia ‘abajo’. Cameron mataba dos pájaros de un tiro.

Por un lado respondía a las raíces ideológicas tradicionales del partido conservador: menos estado, regular sólo lo estrictamente necesario, y promover el espíritu emprendedor. Por el otro predisponía a la sociedad británica a co-responsabilizarse de los servicios públicos. ‘De esta sólo saldremos entre todos’, rezaba el manifiesto.

A cambio, David Cameron se comprometía a apoyar y promover todas aquellas organizaciones que se dedicaran a la labor social y al empoderamiento ciudadano. Un nuevo estado, sí, pero no de funcionarios, sino de voluntarios, comprometidos ciudadanos, ONGs y las famosas ‘charities’ inglesas sin ánimo de lucro. Esa era la visión.

Bajo mínimos

Dos años después el concepto ha desaparecido del primer plano político. Más que la clave de bóveda es un ladrillo más de la acción gubernamental. A principios de año el presidente de ACEVO (la asociación que reúne a los principales directores de las ONGs del país) le dio el tiro de gracia al anunciar su ‘muerte efectiva’. 

Este mes la Charities Aid Foundation –asociación que engloba a las diferentes organizaciones sin ánimo de lucro en Inglaterra-, anunciaba que una de cada seis plantea cerrar este año, y que más de un tercio están despidiendo a trabajadores y limitando servicios. Las ‘charities’ en Inglaterra dependen en gran parte de la financiación local, afectada por las políticas de ajuste presupuestario del gobierno.

A la ‘big society’ sólo le quedan dos iniciativas concretas: la Big Society Capital (BSC), y la Big Society Network.

La primera es una entidad con 119 millones de libras para inversión social y que –si se cumplen las mejores estimaciones- podría llegar a acumular 600 millones en 2015. A pesar de disponer de estos fondos, la BSC no puede invertir directamente, así que su campo de acción es prestar a bancos cooperativos e inversores sociales. Las ayudas sólo llegan a las organizaciones sociales en forma de préstamos. De forma significante, la primera en reconocer el débil impacto que tiene la BSC es su propia directora.


La segunda iniciativa, la Big Society Network, ya no depende del gobierno, y su misión es publicitar aquellas iniciativas que demuestran un alto compromiso social o ciudadano. Un trabajo focalizado en el reconocimiento, valioso, pero de carácter puramente comunicativo.

Dinamitar el concepto desde dentro

El mantra de 2010 parece hoy frágil. Se ha roto bajo el peso de cuatro posibles errores.

El primero, como señala R.Wilson en The Guardian, la falaz idea de la espontaneidad. A falta de incentivos, la revolución ‘social’ que Cameron esperaba se produjese por el simple hecho de pedirla, no se ha producido.

El segundo, una definición borrosa. El gobierno nunca concretó qué políticas escondía el concepto. La naturaleza comunicativa y tal vez electoralista lo vació de sentido. Sin unos objetivos en los que basarse, la prensa y la sociedad no han podido juzgar los hipotéticos resultados.

El tercero, es que Inglaterra ha tenido siempre una cultura muy extendida respecto a ‘charities’ y labor social, antes de esta legislatura. La Big Society es más la conceptualización de una realidad que ya existe, y no la incitación a un cambio palpable.

Por último, Cameron ha sido prisionero de una contradicción, en la que sus propias políticas presupuestarias han dañado de forma notable la red de asociaciones sociales a las que quería fortalecer.  

Algunos eslóganes se convierten en grilletes para el futuro de un partido político. La ‘Big Society’ puede que sea uno de ellos. Otros, de la mano de publicistas como Saatchi i Saatchi, se convierten en fuentes inagotables de munición política. El póster político que siguen teniendo gravado todos los ingleses es el que utilizó Margaret Thatcher para ganar las elecciones en 1979: ‘El Labour no funciona’. Toda una lección para aprendices de brujo.