"When Princess Europa was kidnapped by Zeus in bull’s disguise, her father, Agenor, King of Tyre, sent his sons in search of his lost daughter. One of them, Cadmon, sailed to Rhodes. In Delphi he asked the Oracle about his sister’s whereabouts. On that specific point Pythia, true to her habit, was evasive -but she obliged Cadmon with practical advice: "you won’t find her. Better get yourself a cow, follow it and push it forward, don’t allow it to rest; at the spot where it falls from exhaustion, build a town".
Zygmunt Bauman



dimecres, de juny 26, 2013

Comiendo con el FT

(Publicado en Sesióndecontrol.com, 24.06.13) 

El Financial Times celebra su 125 aniversario con un libro con algunas de las mejores entrevistas publicadas por el periódico desde 1994.



El Financial Times es uno de los periódicos mundiales de referencia y uno de los símbolos de la cultura británica. Este año celebra sus 125 años de historia y lo hace nadando a contracorriente en, por lo menos, dos aspectos. El primero es que es uno de los poquísimos periódicos británicos que informa y participa regularmente sobre el futuro de la Unión europea. Y el segundo es que es uno de los medios escritos en Europa que sigue generando beneficios económicos, aunque eso no sea garantía de mucho o de nada.

Algunas de sus secciones se han convertido en pequeños mundos aparte, con personalidad propia. Está la centenaria columna ‘Lex’ sobre los intríngulis financieros, situada en la contraportada. También hay secciones infamantemente famosas, como el ‘How to Spent it’ (“Cómo gastarlo”), un suplemento dominical dedicado al culto al lujo, con dobles páginas a color anunciando relojes, perlas, y estacionamientos para jets privados. Quién sabe cuánto recaudará el periódico por publicar tal suplemento, casi extraterrestre.

Aunque una sección en particular ha ido ganado adeptos a través de los años, el ‘Lunch with the FT’ (“El almuerzo con el FT”). El formato recuerda en algunos aspectos a ‘La Contra’ que publica el periódico La Vanguardia o lo que desde hace un tiempo hace El País en España. El funcionamiento es el siguiente: un editor del FT invita a comer a una estrella de cine, un banquero, un político, un artista, un científico, o un personaje de interés. El invitado escoge el lugar y el FT siempre paga la cuenta. El resultado es un artículo que entremezcla entrevista y retrato totalmente subjetivo. Sale cada sábado.

La esencia radica en que se trata de un ‘almuerzo’. La dinámica es automáticamente distinta y el editor puede percibir detalles propios del acto de compartir una mesa -por algo muchos cazatalentos invitan a comer, en vez de entrevistar al candidato-. Una hora y media viendo engullir a una persona dan para mucho.

El antipático jefe de Ryanair, Michael O’Leary, estuvo a la altura de su fama y escogió su oficina como ‘restaurante’, dándole a la reportera del FT un bocadillo envasado del aeropuerto. Jimmy Carter, el expresidente demócrata, le propuso al periodista comer sopa y pollo frito en su pueblo, rodeado de sus amables -y republicanos- aldeanos. El multimillonario y filántropo George Soros, al finalizar el ágape, le dijo a su entrevistador que le enviaría la ‘factura’, siguiendo la norma del FT, aunque nunca llegara a mandarla. Michael Caine se hizo un lío con la tetera moderna que le trajeron en un hotel londinense, y Angelina Jolie se zampó con su sonrisa al periodista, además de los macarrones con pollo que pidió en un restaurante californiano.

Más allá de la imagen

Aunque las comidas que transcienden la mera anécdota son aquellas que ofrecen algo original y profundo respecto a las personalidades públicas que dibujan el futuro de mañana. La entrevista a Angela Merkel en 2005 es como un episodio de ‘regreso al pasado’ (o al futuro, dependiendo de como se mire). Tres años antes de la crisis la futura canciller ya se mostraba obsesionada por el equilibrio presupuestario, empeñada en trasladar a su entrevistador su misión de sacar a Alemania de la inestabilidad económica. Ese día Merkel casi no le prestó atención a su ensalada, y criticó la actitud voluntarista de Joscka Fisher y Gerhard Schröder a la hora de intervenir en el debate sobre la Guerra de Irak.

A veces los almuerzos transmiten la personalidad y las debilidades de la persona, más allá de su imagen pública. Tal vez Martin Schulz, el potencial candidato socialista a la presidencia de la Comisión, debió de hacerse acompañar por su asesor de comunicación en vez de a su portavoz. La velada, entre platos finos y rodeados de políticos de toda índole, desprende una sensación ambigua o es que tal vez el que ha sido durante años gobernador del Banco de Inglaterra debió pensarse un poco más la idoneidad de un menú de opulencia excesiva.



En todo caso, el ‘lunch’ del FT va para camino de convertirse en uno de esos formatos de entrevista que pasan a la posteridad. El equivalente en el cine a las famosas entrevistas de ‘Inside the ActorsStudio’ con ese señor bajito, sentado en un pupitre examinando a Sean Penn o Benicio del Toro. O el equivalente al cuestionario histórico que hacía el francés Bernard Pivot, que concluía con la fatídica pregunta de “Si Dios existe, ¿qué le gustaría oírle decirle después de su muerte?”