"When Princess Europa was kidnapped by Zeus in bull’s disguise, her father, Agenor, King of Tyre, sent his sons in search of his lost daughter. One of them, Cadmon, sailed to Rhodes. In Delphi he asked the Oracle about his sister’s whereabouts. On that specific point Pythia, true to her habit, was evasive -but she obliged Cadmon with practical advice: "you won’t find her. Better get yourself a cow, follow it and push it forward, don’t allow it to rest; at the spot where it falls from exhaustion, build a town".
Zygmunt Bauman



dimecres, d’agost 14, 2013

Haring, el graffitero político

(Publicado en Sesióndecontrol.com, 22.07.13)

París acoge hasta el 18 de agosto una de las mayores retrospectivas en Europa de la obra de Keith Haring. Una oportunidad para acercarse a este icono del ‘pop art’ y repensar la movilización política a través de la cultura.

Tomada por el autor. Fotografía permitida en la exposición
Tomada por el autor. Fotografía permitida en la exposición
La exposición que acoge estos días el Musée d’Art Moderne de París es la primera que se centra en la faceta política de Haring. Una faceta que va desde sus mensajes más sociales de concienciación sobre el consumo de ‘crack’, hasta los mensajes más políticos contra la alienación, el capitalismo frenético o la radioactividad. 

Las 250 obras de la exposición se suman a las que están en el espacio Centquatre, el único espacio de París que por su dimensión podía exponer los enormes murales, parkings o paredes que graffiteaba Haring.

El recorrido por la sala es un enorme recordatorio de la fuerza que puede llegar a tener la cultura y el arte para hacer pasar un mensaje político. Una teoría comunicativa mezclada con el campo del ‘ARTivismo‘, que puede movilizar casi todos los formatos artísticos: desde vídeos, poesía o música (basta recordar el poso político que alcanzó MTV en los ’80).

Haring fue en ese período uno de los pioneros en comprender que la política es también, y cada vez más, una batalla cultural. Algo que treinta años después sigue en un segundo plano en las estrategias de comunicación política, con la notable excepción de la revolucionaria campaña presidencial americana de 2009.

Fuente: Flickr Alexandre Dulaunoy

Las obras más concienzudas de Haring no son las que acostumbran a rodear la imagen más conocida del artista, llenas de colores chillones, muñequitos danzantes y un mensaje de fraternidad mundial. Al contrario, la historia de Haring es la de un joven escuálido que detrás de sus enormes gafas utilizó los antiguos papeles negros que empapelaban el metro de Nueva York para dibujar con tizas dibujos de advertencia o de denuncia: más allá del spray, fue un material tan simple como la tiza sobre el papel negro lo que le dio respuesta a su voluntad de interpelar a la ciudadanía.

Haring en este sentido emplea los materiales propios del graffitero urbano y los pone al servicio de su mensaje. Desde los recortes de prensa que utilizaba para lanzar mensajes chocantes, como el famoso ‘Reagan: listo para matar’, hasta las pancartas de vinilo que podía desenrollar y colgar en cualquier lado con facilidad.

Haring dejó iconos ‘estéticos’ para la posteridad. Los jóvenes nacidos en los ochenta por ejemplo bien podrían tener como símbolo generacional el ‘radiant baby’, el bebé radiante. O el ‘perro ladrador’, una imagen que difícilmente ha llegado a expresar mejor el ‘estado policial’ o el ‘abuso’ que denunciaba con frecuencia el artista.

Sin embargo esta exposición es un oportuno ejemplo de que la estética para aquella generación ‘pop’ estaba en muchos casos al servicio de la reflexión política, social y cultural. Pintar una pared, para Haring, implicaba una responsabilidad no sólo estética. Lo que los franceses llaman ‘l’art engagé’, algo que 24 años después de la muerte prematura del artista sigue sin penetrar en el campo de la política formal.
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