"When Princess Europa was kidnapped by Zeus in bull’s disguise, her father, Agenor, King of Tyre, sent his sons in search of his lost daughter. One of them, Cadmon, sailed to Rhodes. In Delphi he asked the Oracle about his sister’s whereabouts. On that specific point Pythia, true to her habit, was evasive -but she obliged Cadmon with practical advice: "you won’t find her. Better get yourself a cow, follow it and push it forward, don’t allow it to rest; at the spot where it falls from exhaustion, build a town".
Zygmunt Bauman



dijous, d’octubre 24, 2013

La Unión franco-británica: la oferta que duró una tarde

(Publicado en Passim, 24.10.13)

‘Todos los estados en Europa son pequeños, solo que algunos no lo saben todavía’
Paul-Henri Spaak  

Jean Monnet (source: biography.com)

Al estallar la Segunda Guerra Mundial en 1939 Jean Monnet[1] presidía el Comité de coordinación franco-británico, el órgano que debía coordinar todos los datos económicos que medían las fortalezas y puntos débiles de las tropas aliadas.

Coincidiendo con el inicio de la campaña nazi contra Francia en mayo de 1940, Monnet empezó a desplegar una idea política que culminó en uno de los episodios más increíbles (y olvidados) de la historia de la integración europea. El proyecto de unión franco-británica.

Ahora que la relación entre el continente y la isla parece abocada a la fractura, vale la pena rescatar del baúl de la historia ese 16 de junio de 1940. Un domingo en el que un puñado de políticos, incluidos Winston Churchill y Charles de Gaulle, estuvo a punto de cambiar el destino de Europa.

1)      Crear un destino común para seguir existiendo

‘Durante demasiado tiempo había imperado el sentimiento que se ahorrarían esa fatalidad [Hitler] y [que cada estado] podría salir adelante por sus propios medios’[2]

Monnet trabajaba en su despacho londinense de la calle Richmond Terrace, justo al lado del Parlamento británico. Su misión era la de ofrecer una visión de conjunto de los recursos militares y logísticos a ambos Estados Mayores. Sus intentos para convencer a París y Londres de la importancia de ‘unificar’ sus fuerzas militares frente al Tercer Reich habían caído en saco roto. En realidad la alianza entre franceses y británicos dependía antes que nada del acuerdo de naturaleza diplomática firmado el 28 de marzo de 1940, donde ambos países se comprometían a no negociar un armisticio por separado.

El inicio de las hostilidades, el 10 de mayo de 1940, lo cambió todo. En sus memorias, Monnet apunta que por ese entonces la necesidad de encontrar una justificación clara para mantener la solidaridad entre los dos pueblos se convirtió en el factor decisivo. La falta de voluntad de sacrificio y de luchar por el otro, y sobretodo la falta de un destino común, constituía, a sus ojos, el golpe de gracia para Francia (y a la par tal vez Inglaterra).

Convencido de dicha posición Monnet escribió por primera vez a Churchill el 6 de junio, en estos términos:  
‘Los aviones aliados que operan ahora en Francia son uno contra varios. Pero si combinamos las fuerzas aéreas de los dos países, obtenemos una relación de casi uno a uno y medio, y conociendo nuestra superioridad en igualdad de condiciones, podemos esperar ganar” ’[3]

Unos días más tarde, con la capital francesa ya acechada, el galo llevó su argumentario todavía más lejos. Por segunda vez intentó dirigirse a Churchill firmando un documento histórico titulado ‘The Anglo-French Unity’[4]. En dicho documento Monnet ya sentaba las bases de la teoría del funcionalismo europeo, la doctrina que nutrió años más tarde la integración europea. Partiendo de una necesidad práctica (¿cómo garantizar la supervivencia de Francia en el caso que todo su territorio esté invadido?), Monnet propuso la creación de una nueva comunidad política. Pura invención política. Los términos suenan, incluso hoy, a ciencia ficción:

‘(…) tendría que darse una declaración dramática de los dos gobiernos sobre la solidaridad de intereses de los dos países, sobre sus compromisos mutuos de restaurar conjuntamente las regiones destruidas, indicando también que para luchar esta guerra los dos gobiernos fusionan y constituyen uno solo, con la unificación de los dos parlamentos’[5]

‘(…) incluso si las tropas francesas se ven empujadas cada vez más lejos, incluso si la lucha debe continuar en un islote de resistencia desesperado, Francia puede, junto con Inglaterra, continuar la guerra’ 

Sin embargo, el rapidísimo avance alemán y el fracaso de la ‘Ligne Maginot’ vaciaron de sentido esa primera declaración. En sólo dos días, la batalla por Francia se daba, definitivamente, por perdida. El propio Churchill reconoció en el Consejo de Guerra del 8 de junio que el dilema para el Reino Unido se plantea, a partir de entonces, en términos absolutos: batallar hasta el último hombre en Francia, o concentrarse en preparar la resistencia de las islas[6].

2)      Churchill y de Gaulle se la juegan

Monnet sin embargo no se dio por vencido. Según sus anotaciones, el viernes 14 de junio se reúne con diferentes personalidades para intentar rematar una declaración de ‘unión’ franco-británica.

Según las memorias del galo, corroboradas en las memorias de Churchill[7], el primer borrador tuvo en mayor o menor medida varios partícipes: Horace Wilson (el jefe de gabinete de Neville Chamberlain), David Margesson (whip del partido conservador británico), Robert Vansittart (secretario permanente del Foreign Office), René Pleven (el adjunto de Monnet en Londres), Arthur Salter (un amigo del comité franco-británico) y Desmond Morton (el secretario privado de Churchill)[8].

        
N.Chamberlain (wiki)         R. Vansittart (wiki)

Después de esa reunión, y a través de Horace Wilson y su jefe Neville Chamberlain, Churchill accedió a presentar la propuesta en el consejo de ministros que se celebraría el sábado 15 de junio por la tarde. La sorpresa fue mayúscula cuando los ministros acogieron calurosamente una visión que borraba de un plumazo la imprenta imperial y la centenaria narrativa nacional de Inglaterra. Se acordó tomar ‘acto’ oficial del texto al día siguiente, el domingo 16 de junio[9]. 

Esa misma tarde coincidió con la llegada de de Gaulle a Londres, por entonces secretario de Estado de Guerra del gobierno francés presidido por Paul Reynaud. Según las anotaciones de Monnet, de Gaulle recibió con escepticismo la propuesta. Pero al igual que Churchill, acabó considerando que cualquier posibilidad de cambiar el rumbo de la guerra, por descabellado que pareciese, merecía el intento.

3)      Unión total: la oferta que duró una tarde

The Declaration of Union (firmada por R.Vansittart)

Al día siguiente, muy lejos de Londres, en Bordeaux, donde se había instalado el gobierno provisional francés, la situación política empeoraba con el consejo de ministros matutino. Los ‘défaillistes’, liderados por Philippe Pétain (vicepresidente del Gobierno) y Maxime Weygand (generalísimo de los ejércitos franceses), iban sumando a su causa los ministros dubitativos.

El Maréchal Pétain (wiki)   Maxime Weygand (wiki)

Desde hacía varios días la máxima preocupación del gobierno francés era la debatir sobre la utilidad o no de negociar con Alemania. En la conferencia de Tours del 13 de junio, Churchill ya había abierto la puerta a esa posibilidad a condición de consultarlo con Roosevelt.

Fue en ese contexto que el gobierno francés recibió, a lo largo del domingo 16, los tres telegramas decisivos.

A las 12.35 llegaba el primero: la condición para negociar con los alemanes era la entrega de la flota francesa a manos inglesas.

A las 15h llegaba un segundo mensaje. En la misma línea. Los ingleses daban por ‘fait accompli’ el armisticio, e intentaban salvar lo más preciado para ellos.

Sin embargo al minuto siguiente llegaba un tercer telegrama sin precedentes en la historia diplomática. De Gaulle se lo dictó directamente a Reynaud. Era la declaración de Unión. Un documento francamente inverosímil que el consejo de ministros inglés había adoptado oficialmente la mañana del 16 de junio de 1940.

El texto, que tomaba precedencia sobre los dos telegramas anteriores - y del que se conoce el contenido al ser desclasificado en los años 70 - rezaba así:

‘En este momento sumamente fatal de la historia del mundo moderno, los Gobiernos del Reino Unido y de la República francesa hacen esta declaración de unión indisoluble e inflexible resolución en la defensa común de la justicia y la libertad contra el sometimiento a un sistema que reduce la Humanidad a una vida de robots y esclavos.
Los dos Gobiernos declaran que Francia y Gran Bretaña no serán en adelante ya dos naciones, sino una Unión franco-británica.
La constitución de la Unión instituirá organismos comunes para la defensa, la política exterior, la hacienda y la economía.
Todo ciudadano francés gozará inmediatamente de la ciudadanía británica; todo súbdito británico se convertirá en ciudadano francés.
Los dos países compartirán la responsabilidad de la reparación de los daños de la guerra, dondequiera que se produzcan en sus territorios, y los recursos de ambos, puestos en común, se aplicarán por igual a este fin.
Durante la guerra, habrá un solo gabinete de Guerra, y todas las fuerzas de Gran Bretaña y de Francia, en tierra, mar y aire, se pondrán bajo su dirección. Gobernará desde el lugar donde mejor pueda hacerlo. Los dos Parlamentos quedarán formalmente asociados. Las naciones del Imperio británico están formando ya nuevos ejércitos. Francia mantendrá las fuerzas adecuadas en tierra, mar y aire. La Unión hace un llamamiento a los Estados Unidos para que fortalezcan los recursos económicos de los Aliados y presten su poderosa ayuda material a la causa común.
La Unión concentrará toda su energía contra el poder del enemigo, dondequiera que la batalla pueda darse. Y así venceremos[10]

Todavía hoy cuesta imaginarse como es posible que ambos gobiernos llegaran a considerar seriamente ese texto.

Según Monnet, cuando el presidente francés tuvo una lógica suspicacia y le preguntó a de Gaulle si el proyecto tenía realmente el respaldo de los británicos, Churchill, que asistía a la conversación, cogió el teléfono diciéndole a Reynaud las palabras textuales:

‘¡aguantad! De Gaulle está volviendo [hacia Francia] al instante, os lleva el texto… y ahora, veámonos, veámonos pronto… mañana a Concarneau. Vengo con Atlee, el primer Lord del Almirantazgo, el jefe del Estado mayor y nuestros mejores expertos. De vuestro lado llevad algunos buenos generales… au revoir!’[11]  

Sin embargo cuando Reynaud presentó la propuesta en el Consejo de Ministros francés de las cinco de la tarde la recepción fue desastrosa. Enfrascados en el debate sobre el armisticio, un proyecto tan revolucionario descolocó a los ministros franceses, tanto a los derrotistas como a los que querían luchar hasta el final. En el libro de Eleanor Gates se describen algunas reacciones. El ministro de trabajo Henri Pomaret afirmó no tener ninguna intención de convertirse ‘en siervo de su Majestad’. Jean Ybarnegaray, otro ministro, consideró que eso convertía en una colonia a Francia y que incluso estar bajo el yugo nazi era preferible. En cuanto a Pétain, convencido con Weygand que Inglaterra caería en los próximos meses, dijo que era como unirse a un cadáver.[12]

    Paul Reynaud (wiki)   

Ese consejo de ministros fue el último de Reynaud, el cual entregó hacia las 8 de la noche su dimisión al presidente Albert Lebrun. De allí en adelante, Pétain cogió las riendas de la República. Churchill recibió la noticia del fracaso del proyecto de Unión cuando ya estaba sentado en el tren para reunirse con Reynaud. Monnet, que se había trasladado a Francia con el hidroavión Claire para llevar al exilio la trentena de personas depositarias de la soberanía nacional francesa, volvió con las manos vacías. De Gaulle haría lo propio el 18 de junio, volviendo a Londres ya sin ninguna esperanza, y lanzaría esa misma noche desde la BBC la primera de sus famosas llamadas a la ‘résistance’.   

Instantánea de de Gaulle con Churchill (wiki commons)

4)      Cuando el momento llega, todo es simple

One Parliament, one Cabinet, one Army’. Cuando el momento llega, ‘todo es simple, porque la necesidad no deja lugar para la duda’[13], dejó escrito Monnet. Una filosofía que ha empujado el ideal europeo a construirse a fuerza de crisis. Una historia de oportunidades aprovechadas y de muchas otras perdidas. El proyecto de Unión franco-británica es una de ellas y merece ser recordada hoy más que nunca.

Un episodio histórico que refleja una idea fundamental para el porvenir del ideal europeo: sólo cuando existe una motivación común, sólo cuando hay una empresa que no podemos lograr solos, solo cuando la solidaridad nace de nuestro compromiso más profundo, la imaginación y la creatividad política alcanzan su máximo potencial.

Hace más de 60 años esa motivación fue sobrevivir. Hoy en día los desafíos han cambiado, pero la pregunta sigue siendo un poco la misma. Ante la duda, debemos cuestionarnos si los estados europeos, cada uno por su cuenta, serán capaces de defender los intereses y valores de nuestras sociedades en un mundo globalizado.

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Referencia principal:
MONNET, J. (1976) Mémoires. Paris: Fayard.

Referencias secundarias:
Artículos
NOEL, L. (1956) Le Projet d’Union Franco-Britannique de juin 1940. Revue d’Histoire de la Deuxième Guerre Mondiale, Jan-1956, pp.34-37. 
SHLAIM, A. (1974) Prelude to Downfall : the British Offer of Union to France, June 1940. Journal of Contemporary History, 9 (3), pp.43-44.

Libros
DEBASA NAVALTROPO, F. R. (2004) Jean Monnet y la Carta Fundacional de la Unión Europea. La Declaración de 9 de mayo de 1950. Madrid: Dykinson. 
GATES, E. (1981) End of the Affair: The collapse of the Anglo-French Alliance 1939-1940. Berkeley: University of California Press.  

Extractos autobiografías
CHURCHILL, W.S. (1949-1953) The Second World War. Volume II. New York: Bantam Books. 
GAULLE, C. (1964) The Complete War Memoirs of Charles de Gaulle. 3 Vols en 1. New York: Simon and Schuster.  
REYNAUD, P. (1963) Mémoires. Vol II. Envers et contre tous : 7 mars 1939-16 juin 1940. Paris: Flammarion.
SPEARS, E.L (1954) Assignment to Catastrophe. London: William Heinemann



[1] En 1940 el galo ya destacaba por su compromiso internacional, habiendo ocupado el puesto de Secretario General Adjunto de la Sociedad de las Naciones entre 1918 y 1923.
[2] Del original en francés: ‘Il y avait eu trop longtemps le sentiment que ce malheur lui serait épargné, et qu’il s’en tirerait, lui, par ses propres moyens’ (Monnet, 1976, p.16)
[3] Del original en francés: ‘Je proposai une fusion des deux forces aériennes (…). Les avions alliés opérant maintenant en France sont un contre plusieurs. Mais si l’on combine les forces aériennes des deux pays, on obtient un rapport de force de presque un à un et demi’ (ibid)
[4] No está del todo claro el origen exacto de la idea de Unión franco-británica. Monnet fue su padre político, pero para la autoría intelectual el libro de Debasa Navalpotro apunta a una conferencia en noviembre de 1939, organizada por el Royal Institute of International Affairs (Chatham House) y el Centre d’Etudes de Politique Etrangère, donde el director del Instituto, Arnold J. Toynbee, retomó una idea que ya había sido también enunciada el 11 de marzo de 1939 en boca de un senador francés, Jean-Jacques Honorat.
[5] Monnet, 1976, p.17
[6] Gates, 1982, p.227
[7] Churchill, II, 1949, p.178
[8] Monnet, 1976, p.18
[9] Churchill, II, 1949, p.179
[11] Monnet, 1976, p.29 (ver también Churchill, II, 1949, p.179 y De Gaulle, 1964, p.76-77, y Reynaud, II, 1963, p.536)
[12] Gates, 1986, p.235
[13] Monnet, 1976, p.38

1 comentari:

patriciaguasp ha dit...

Enhorabuena, Dídac. Un artículo extraordinario! Gracias por la lección de historia.