"When Princess Europa was kidnapped by Zeus in bull’s disguise, her father, Agenor, King of Tyre, sent his sons in search of his lost daughter. One of them, Cadmon, sailed to Rhodes. In Delphi he asked the Oracle about his sister’s whereabouts. On that specific point Pythia, true to her habit, was evasive -but she obliged Cadmon with practical advice: "you won’t find her. Better get yourself a cow, follow it and push it forward, don’t allow it to rest; at the spot where it falls from exhaustion, build a town".
Zygmunt Bauman



Brexit: Cuatro grandes cuestiones

(Publicado originalmente en Passim, 20.05.15) 
 Escrito con Álvaro Imbernón. 

Las líneas ¿rojas?
En su primer discurso postelectoral Cameron confirmó la convocatoria de un referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea antes de 2017. Los conservadores aplicarán una estrategia ante la Unión Europea de ‘reforma y referéndum’ de incierto resultado. Se abre así un periodo en el que Londres tratará de renegociar (la relación con la UE), reformar (la propia UE) y repatriar (competencias)’. Estas tres premisas pivotarán en torno a cuatro reivindicaciones conservadoras. Primero, la imposición de límites a la libertad de circulación de los ciudadanos europeos o, al menos, a su capacidad de acceder a prestaciones sociales en el Reino Unido (benefits tourism). Segundo, el llamado red-card procedure que otorgaría a los parlamentos nacionales la capacidad de bloquear legislación europea, principalmente, la que afecte al Mercado Único. Tercero, obtener la garantía de que el Eurogrupo no pueda ‘cocinar’ decisiones que afecten a los Estados no miembros de la eurozona. Por último, evitar una profundización en el proceso de integración simbolizada en la eliminación del lema ‘ever closer union‘ del Tratado de Roma.
Bruselas tiene más espacio de maniobra ante otras reivindicaciones tories como la profundización del Mercado Único, la simplificación de la regulación europea, el desarrollo de la Unión Energética, la reducción del presupuesto de la Política Agraria Común, y el impulso a los tratados de libre comercio, especialmente el TTIP con Estados Unidos. También a la hora de conceder opt-outs a Londres en algunas legislaciones como las que afectan al mercado laboral.
De cara a la negociación, la confirmación como Ministro de Exteriores del euroescéptico Philip Hammond no es una buena noticia pero queda atenuada por la continuidad de David Lidington como Europe Minister. La interlocución con el Gobierno alemán será clave ya que es un firme defensor de la permanencia del Reino Unido en la UE pero no está dispuesto a cruzar ciertas líneas rojas, especialmente, con respecto a la libertad de circulación. La postura de Berlin es constructiva pero no oculta su malestar con el comportamiento de Londres en los peores momentos de la crisis del euro y la decisión del Partido Conservador de abandonar el Partido Popular Europeo. También es necesario recordar que tanto Alemania como Francia celebrarán elecciones generales con expectativas de cambio en 2017. Además, las dinámicas de la crisis en la eurozona, especialmente en Grecia, podrían jugar en contra de las peticiones de Cameron.

En el Consejo Europeo de junio ya tendremos una idea de por dónde se moverán los parámetros de la negociación. Acomodar al Reino Unido será complicado ya que la modificación de los tratados que solicita Londres parece descartada. Ni siquiera sería posible que los 28 Estados miembros ratificaran estos cambios a tiempo para el referéndum. Sí es factible una solución similar a la aplicada con Dinamarca en 1992 o Irlanda en 2009, en la que el Consejo Europeo aprobara un protocolo en el que se comprometa a aprobar en el futuro los cambios negociados con Londres.
En caso de que la negociación no fructifique, es probable que un porcentaje significativo de diputados conservadores se sume a la campaña por la salida del Reino Unido de la UE, lo que supondría un gran revés para Cameron.    

¿Los ‘backbenchers’ al poder? 
El significado de ‘sentarse al fondo de la clase’ tiene su propia versión política. La expresión se ha puesto de moda para referirse a un determinado grupo de diputados que a pesar de estar simbólicamente ‘en segunda fila’, han cobrado un peso político determinante. La apelación ‘backbenchers’ (literalmente ‘los que se ‘sientan detrás’) se utiliza en el Reino Unido para hacer referencia al grupo de representantes que garantizan a un partido la mayoría parlamentaria. Los backbenchers acostumbran a tener fama de leales pero ello ha cambiado durante estos últimos años tanto en Francia como en el Reino Unido.
Se podría dar un caso similar al francés con los ‘frondeurs, la facción más a la izquierda del Parti Socialiste, descontenta con las últimas medidas de reforma económica promovidas por Emmanuel Macron, ministro de economía de corte liberal-progresista. El peso de los frondeurs es tal, que recientemente Manuel Valls se vio forzado a aplicar lo que se conoce como el 49-3, una artimaña constitucional considerada como el último recurso cuando el gobierno no está seguro de mantener la cohesión de su propia mayoría. El artículo 49-3 permite pasar una ley mediante una moción de confianza global a todo el gobierno, un match point que salvó –esta vez- el primer ministro francés.
En el caso de Cameron, los próximos meses de su mandato deben leerse como un peligroso pulso con sus nuevos backbenchers. No cabe ninguna duda que los diputados que le permitirán mantener la mayoría dentro de su propio partido en la Cámara de los Comunes son profundamente euroescépticos. Incluso algunos han hecho campaña abiertamente contra la Unión Europea, prometiendo no solo un referéndum (la posición oficial del partido) si no directamente la ‘salida’ de Europa.
Solo hay que echar la mirada atrás para predecir lo que se avecina. En noviembre de 2012, antes de la cumbre de jefes de Estado de la UE que debía aprobar el nuevo marco presupuestario para el período 2014-2020, 50 diputados tories decidieron votar contra su propio gobierno, exigiendo a Cameron no sólo una congelación del presupuesto comunitario, si no un recorte. Empujado por la presión de sus backbenchers, Cameron defendió dicha línea maximalista a pesar de que suponía una quimera en la mesa de negociaciones. La conclusión de esa cumbre fue nefasta pero reveladora. Por primera vez el gobierno británico se quedó sólo, en minoría absoluta. 27 contra 1.
El voto puso de manifiesto que la derecha británica está dispuesta a empujar a su propio gobierno a una situación límite en lo concerniente a su relación con la UE. Dos periódicos de influencia liberal-conservadora, el Financial Times y el Daily Telegraph, publicaban dos editoriales bien distintas que revelaban el dilema: el primero apuntando la ingenuidad de los rebeldes, el segundo apoyando una rebelión portadora de la ‘voluntad del pueblo’.

May-Johnson ¿la batalla encubierta?
Antes de que Cameron la nombrase ministra del Interior en 2010, Theresa May era principalmente recordada por el famoso discurso que pronunció en 2002, en la conferencia del partido conservador en Bournemouth. May, que ocupaba por entonces la presidencia del partido, acusó a sus propios fieles de tener una base demasiado débil pero, sobre todo, de ser un partido de blancos, pro-business, ricos ingleses. Demasiado intelectuales y demasiado pro-europeos. Curiosamente, de la boca de una conservadora como Theresa May, salió la apelación que ha sido más utilizada para criticar al partido de Cameron: el ‘nasty party’, el ‘partido despreciable’.
Desde entonces la ascensión ha sido fulgurante. May ha sido una de las figuras a la alza durante el gobierno de Cameron, hasta el punto que el propio Cameron la citó, junto al alcalde de Londres Boris Johson y el ministro de economía, George Osborne, como uno de sus posibles sucesores.
En este sentido, la confirmación el pasado viernes que May seguirá al frente del ministerio del Interior es otra muestra más del anti-europeísmo que podría impregnar la nueva legislatura. Especialmente tras la debacle electoral de los europeístas Liberal-Demócratas. May ha sido la figura clave del giro proteccionista y anti-inmigración en el Reino Unido. Ella fue la artífice de la promesa de rebajar la inmigración a un máximo de 100.000 personas al año para 2015, una política dañina para la imagen del Reino Unido, pero que despierta simpatías entre el electorado más proteccionista. En cuanto a Europa, May fue la que propuso el ‘opt-out’ de todas las políticas de cooperación policial y criminal con la UE. Su última propuesta –la posible retirada de la Convención Europea de los Derechos Humanos– dice mucho de su caché entre el círculo euroescéptico tan de moda en Inglaterra.
La batalla a la sombra de Cameron se librará pues entre dos personajes, ella y el alcalde de Londres, Boris Johnson, que rivalizan en euroescepticismo. El actual alcalde de Londres está acostumbrado a este particular concurso de ráfagas anti-europeas. ¿A favor de que Grecia caiga en bancarrota y salga del Euro? Check. ¿A favor de la libra (y en general de las monedas nacionales, sean cuales sean) frente a la moneda común? Check. ¿A favor del veto unilateral inglés al Tratado Fiscal recientemente aprobado? Check. ¿A favor de lanzar un referéndum para decidir la continuidad del Reino Unido en la Unión? Check. ¿En contra de más regulación financiera y de un impuesto a las transacciones financieras? Check. ¿En contra del Tratado de Lisboa y los cargos supranacionales como el de Presidente del Consejo Europeo? Check. Y no será por falta de ‘conocimiento’ de la política europea, pues de 1989 a 1994 fue el enviado de The Telegraph a Bruselas. Y aunque intente borrarlo de su currículum, antes de ir al colegio más elitista de Inglaterra (Eton), Boris estudió en una de las Escuelas Europeas de Bruselas, probablemente el centro educativo más pro-europeo que exista.

¿Equivale Brexit a la independencia de Escocia?
Curiosamente, las últimas encuestas muestran que el apoyo a la permanencia en la UE se encuentra en el punto más alto en años (45%) frente a un 35% que abogaría por Brexit. Pese al buen resultado de UKIP en votos (cerca de cuatro millones), el tradicional pragmatismo británico junto al europeísmo escocés y los intereses internacionales de la City hacen presagiar un resultado favorable a la permanencia. El renovado liderazgo de Cameron también debería ayudar a hacer que el proceso sea más controlable. Aun así, en un contexto de inestabilidad en Europa, nunca hay que descartar que el resultado de jugar con fuego sea acabar abrasado.
Sin duda la federalización de Reino Unido impactará sobre este proceso. Por una parte favorecería a la permanencia ya que de salir el Reino Unido de la UE, Edimburgo convocaría un nuevo referéndum para la independencia de Escocia. En este caso con muchas probabilidades de victoria. Por otra parte, jugaría en contra el posible despertar del nacionalismo inglés que se ha percibido en la campaña y resultados de las pasadas elecciones y que podría verse agravado por la devo-max y la cuestión de West Lothian.
Los próximos meses (y años) estarán marcados por el debate acerca de la consistencia de dos uniones: la europea y la británica. Europa y el Reino Unido deberán tirar de pedagogía para alcanzar un acuerdo. De ello depende que surja una nueva legitimidad del proyecto europeo en las islas británicas o una Europa disminuida más cerrada en sí misma.